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domingo, 1 de febrero de 2015

HAZME UN HUECO Y VOY... El Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)

He tenido la suerte de colaborar en la revista Zabaglia (2014) del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitéctos técnicos de Huesca con este artículo dentro de una sección que trata sobre la flora y fauna que habitan en las construcciones humanas.



El Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) es otra de la especies que se han “acomodado” a la vida entre los humanos. Su presencia entre nosotros viene determinada por la semejanza de las construcciones a sus “añorados” roquedos de su vida silvestres.
Este pájaro desde siempre ha sido asociado a regiones montañosas, aunque gracias a su adaptación al entorno industrial, empieza a ser una de las especies más comunes del continente. Para nosotros es un pájaro muy familiar
En las casas, edificios y demás construcciones urbanas ha encontrado un perfecto aliado para realizar sus ciclos reproductores, así como perfectas atalayas para divisar los insectos, del cual se alimentan. Los huecos de los edificios también son revisados en busca de arácnidos de los que también consta su específica dieta.


Cobertizos, casas abandonadas, fábricas, iglesias, edificios públicos y porches son su predilección, ya que les encanta criar en los salientes de los edificios, en aleros, grietas, agujeros o vigas. No es tampoco extraño el encontrarlos incluso en los bloques habitados, desvanes o casas particulares. Los edificios “lisos” sin oquedades, huecos o salientes limitan mucho su distribución. Las casas rejuntadas y tejados continuos no tienen ningún cobijo para él.
En los pueblos deshabitados  todavía se oyen cantar desde los ruinosos tejados o paredes de piedras. Los gorriones y otros pájaros pueblerinos se habrán ido pero él continuará allí...


Puede considerarse un pájaro “beato” por su especial predilección a los altos edificios de piedra, tales como las iglesias, catedrales y demás monumentos. Gran amante de los tejados, terrazas y chimeneas donde frecuenta sus  zonas soleadas en busca de toda clase de dípteros, como las moscas, mosquitos o tábanos.
Su largo y afilado pico delatan sus hábitos alimenticios.


También le gusta alimentarse en el suelo de larvas, pequeños escarabajos, cien-pies, semillas o incluso bayas, por lo que es muy común su observación.
Esta avecilla de apenas 14 cm mueve su “roya” cola de manera insistente, siendo sus aleteos muy cortos. Da la sensación de ser tímido y muy nervioso. Es territorial, incluso con ejemplares de su propia especie, no es extraño, por lo tanto, observarlo en enfrascadas luchas, como si de un “piel roja” se tratase
Viendo su conducta entre nosotros,  no es extraño que haya adecuado también su reproducción. Sus nidos, construidos por la hembra, son muy livianos, realizados con hierbas secas y recubiertas de raíces, musgo, plumas, pelos o incluso lana. Ella también se encarga de incubar sus 4-6 huevos, hasta que transcurridos unos 12-16 días, nacen los polluelos, es entonces cuando el macho más interviene en la alimentación de sus retoños. Suelen realizar dos puestas anuales.


De claro biformismo sexual, siendo la hembra de un color uniforme marrón-grisáceo y el macho de un negro muy intenso, a excepción de una pequeña franja blanquecina en las alas y su blanca frente. Ambos sexos con una cola rojiza-teja muy característica y del cual deben su nombre (las plumas centrales-rectrices- más amorronadas).
Aunque podemos verlo durante todo el año, una gran densidad, nos viene desde el sur cada primavera, en busca de temperaturas más suaves. Su cota ideal está entre los 800 a 1200 metros de altitud, pero cuando el invierno arrecia, es difícil verlo por encima de los 800 metros. No es extraño verlo en nuestra península a nivel del mar.



A este pajarillo también es llamado en algunos lugares como “carbonera” o “carbonero”, es de suponer que su color hollín cenizoso-carbón

Revista Zabaglia (2014) del Colegio Oficiar de Aparejadores y Arquitéctos técnicos de Huesca

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