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miércoles, 25 de febrero de 2015

Ardilla roja (Sciurus vulgaris) un esquiruelo sin “pelos en la lengua”



Cuando miramos a una ardilla el cuerpo se nos alegra, nos parece un animal muy gracioso, simpático, bonito… de lo mas “cuqui”.

Nos llama nuestra atención sus grandes ojos tan redondeados, señal de una buena visión o sus grandes orejas, con sus penachos en punta. Sus ojos tan fuera de las órbitas y el movimiento de las orejas en forma de radar, le proporcionan un control “visual” en todo su alrededor, los 180º.


No hay duda que su “poncha” cola es por lo que más nos hace distinguirla de otros mamíferos, su forma le proporciona un perfecto aliado en el equilibrio de sus largos saltos de rama en rama, tanto como timón, como de vela. También le sirven para calentar sus cuerpos, en forma de bufanda de tupida lana, cuando la temperatura desciende y necesita  controlar su alta temperatura corporal, al ser  de sangre caliente como el resto de los mamíferos. Todos luchamos por encontrar en todo momento ese equilibrio, así que uno no duda que esa preciosa cola le será de tremenda utilidad en las frescas noches y para pasar los duros inviernos.


En la foto que preside la entrada se pueden ver sus tremendas uñas, muy útiles para el agarre y sujeción en las ramas de los árboles. Las delanteras son muy móviles por lo que son de tremenda utilidad para manipular su alimento mientras sus afilados incisivos roen la comida o extraen los piñones de las piñas (su principal alimento). Sus patas traseras son muy fuertes, con buena masa muscular, eficaces para impulsarse de rama en rama en forma de catapulta.


Pero lo que uno  menos repara es en sus largos bigotes de finos pelos. Parece como que de poco les puede servir, salvo para embellecer todavía más su morrito de fino olfato. Pues aunque parezca mentira tienen una importante capacidad “funcional”

Los bigotes le proporciona el perfecto equilibrio visual/sensorial en su entorno. Son pequeños sensores para que su celebro sepa en todo momento en que lugar espacio/tiempo está, muy necesario al estar entre ramas, pasos estrechos, enramados o perseguido por lugares muy tupidos. Sin este equilibrio, su torpeza sería enorme y su vida la dejaría en manos de sus enemigos.


La largura de los pelos es mayor a la anchura de su cuerpo, como en los felinos por ejemplo, esto les proporciona una perfecta “cinta métrica” para saber si su cuerpo puede pasar por determinados huecos, o entrar en determinados agujeros. Para ello, cada pelo, son muy sensibles al tacto. Esta información “sensora” es transmitida rápidamente al cerebro que la transforma en datos precioso. También son grandes receptores, con el hocico, que mueve continuamente, para oler el aire.

Creo que el video que dejo en el siguiente enlace puede explicar más fácil la perfección de su cuerpo y dar un perfecto ejemplo de su equilibrio  “sensorial” de su entorno en todo momento.
Angustiosa persecución… pero con ¿final feliz o desgraciado?... según para quién se mire!

MERECE LA PENA VERLO


Pinchar en el enlace de abajo


domingo, 15 de febrero de 2015

La multiactividad pasa a responsabilidad en estos momentos para el Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)



Una pequeña reseña para darles mucho ánimo:

Desde hace unos meses nuestros queridos Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) han realizado multitud de actividad para acondicionar sus nidos, sin descuidar el fortalecimiento de sus lazos amorosos y unión parental. Culminando en la puesta de sus huevos y empezar este periodo actual, la larga etapa de la incubación. Sí todo va bien, en menos de dos meses tendremos los pollos viendo nuestros valles desde donde se asientan sus nidos y, ojalá, a principios de verano veamos volar muchos de ellos…


Pues sí, estos meses han sido esmerados leñadores, recogiendo palos secos y expertos esquiladores, arrancando de los matojos la escasa lana que dejan los rebaños de ovejas para hacer confortables y cálidos sus nidos.


Este periodo, como hemos dicho, también son importantes para “enamorarse” como si fuera la primera vez, aunque lleven muchos años juntos. Sus vuelos paralelos y acróbatas piruetas  son dignos de ver y emociona a cualquiera.


Estos increíbles vuelos nupciales, unido al acopio de material a los nidos, culminan en impresionantes cópulas y en la protección de sus zonas de cría ante cualquier intruso. En vuelos intimidatorios y con golpes de sus patas echarán de la zona a los posibles adversarios.

Sin duda son unos heroicos animales que realizan sus ciclos reproductores en los meses más crudos del invierno


En 20 años las unidades reproductoras de los Quebrantahuesos se ha multiplicado por dos.  Es cierto qué, el control que actualmente se realiza, no se llevaba antes y es más que posible que la cifra de antaño no sea todo lo real que uno pueda pensar.

De todos modos, lo datos productivos, publicados en estos días en varias publicaciones y artículos, hacen referencia exclusivamente a las unidades controladas, por lo que lo datos son bastante elocuentes y reales.

Este incremento de unidades reproductoras no ha ido acompañado de un incremento de pollos volanderos, sino que las cifras actuales son parecidas a las de hace 20 años con la mitad de unidades. Siendo el resultado una inquietante horquilla entre 17 y 25 pollos volanderos.



Es posible que las nuevas “incorporaciones” a estos avatares de la reproducción sean ejemplares “verdes” y les cueste madurar para hacerse expertos, siendo, como hemos dicho antes, en un periodo invernal muy duros para cualquiera. Donde cualquier falta de adecuados relevos en la incubación o la falta de alimentación pueda influir negativamente.

Otro dato negativo es la falta de lugares apropiados para asentar sus nidos. Las usurpaciones de otras especies, buitres principalmente, los han ido sustituido por otros con menos garantías térmicas, así como el “encontrar” emplazamientos nuevos a las nuevas parejas.

Sea como sea, los datos no son tan halagüeños como se piensa y ante todo son todavía preocupantes para la mayoría, en los que me incluyo.

Contra más tranquilidad y menos interferencias en su día a día más garantía habrá para su "familia"


¡¡¡ MUCHA SUERTE PARA TODOS ELLOS…. Y DÉMOSLES  MUCHA TRANQUILIDAD POR PARTE DE TODOS !!!

miércoles, 11 de febrero de 2015

A LA PATA COJA… peculiar comportamiento de algunas aves ¿Cuál es el motivo?


Al igual que nosotros nos ponemos un cálido abrigo para resguardarnos del frío, las aves disponen de las plumas para protegerse de las inclemencias atmosféricas. Desgraciadamente ellas no pueden usar pantalones, mallas, gorros, bragas o bufandas para calentar sus desnudas patas ni los picos. Siendo esas zonas por donde más les agrede los cambios térmicos.

Los pájaros luchan toda su vida por mantener la elevada temperatura corporal de la que disponen, contra más equilibrada sea ésta, más garantía hay de su supervivencia. La principal fuente calorífica de la que disponen es una adecuada alimentación y  otra muy importante es la de proteger sus zonas despobladas de plumas. Cómo hemos comentado, no tienen objetos materiales para “abrigarse”, por lo que tienden a tapar sus zonas expuestas a la intemperie, patas y pico, entre el plumaje de su pecho. Por lo que no es extraño verlas dormitando o descansando a una pata y con el pico entre las plumas del pecho. Contra menos zonas tienen al “aíre” menos frío les entra y, lógicamente, menos calor pierden.


Las zancudas y anátidas, por su peculiar modo de vida, en el medio acuático, son las que más desarrollada tienen la costumbre de vivir a la “pata coja”. Parece ser que estos “gallipesques” disponen de un curioso mecanismo por el cual las articulaciones de las patas se les bloquea, proporcionando que la pata quede rígida y no les cause ningún esfuerzo muscular mantenerse así por largos periodos de tiempo.

Ponemos el ejemplo de este precioso Martinete (Nycticorax nycticorax) a la orilla del río Ebro, a su paso por Zaragoza, nada intuye, en su pose, que está incómodo o molesto, todo lo contrario, está de lo más feliz observando y esperando a su presa bajo su “única” pata visible.



Llama la atención sus preciosos ojos rojos, señal de una vida semi-nocturna o crepuscular y sus penachos blancos que le cuelgan de la nuca. Éstas tres plumas blancas son representativas de la época reproductiva, siendo más cortas en las hembras.


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domingo, 1 de febrero de 2015

HAZME UN HUECO Y VOY... El Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)

He tenido la suerte de colaborar en la revista Zabaglia (2014) del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitéctos técnicos de Huesca con este artículo dentro de una sección que trata sobre la flora y fauna que habitan en las construcciones humanas.



El Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) es otra de la especies que se han “acomodado” a la vida entre los humanos. Su presencia entre nosotros viene determinada por la semejanza de las construcciones a sus “añorados” roquedos de su vida silvestres.
Este pájaro desde siempre ha sido asociado a regiones montañosas, aunque gracias a su adaptación al entorno industrial, empieza a ser una de las especies más comunes del continente. Para nosotros es un pájaro muy familiar
En las casas, edificios y demás construcciones urbanas ha encontrado un perfecto aliado para realizar sus ciclos reproductores, así como perfectas atalayas para divisar los insectos, del cual se alimentan. Los huecos de los edificios también son revisados en busca de arácnidos de los que también consta su específica dieta.


Cobertizos, casas abandonadas, fábricas, iglesias, edificios públicos y porches son su predilección, ya que les encanta criar en los salientes de los edificios, en aleros, grietas, agujeros o vigas. No es tampoco extraño el encontrarlos incluso en los bloques habitados, desvanes o casas particulares. Los edificios “lisos” sin oquedades, huecos o salientes limitan mucho su distribución. Las casas rejuntadas y tejados continuos no tienen ningún cobijo para él.
En los pueblos deshabitados  todavía se oyen cantar desde los ruinosos tejados o paredes de piedras. Los gorriones y otros pájaros pueblerinos se habrán ido pero él continuará allí...


Puede considerarse un pájaro “beato” por su especial predilección a los altos edificios de piedra, tales como las iglesias, catedrales y demás monumentos. Gran amante de los tejados, terrazas y chimeneas donde frecuenta sus  zonas soleadas en busca de toda clase de dípteros, como las moscas, mosquitos o tábanos.
Su largo y afilado pico delatan sus hábitos alimenticios.


También le gusta alimentarse en el suelo de larvas, pequeños escarabajos, cien-pies, semillas o incluso bayas, por lo que es muy común su observación.
Esta avecilla de apenas 14 cm mueve su “roya” cola de manera insistente, siendo sus aleteos muy cortos. Da la sensación de ser tímido y muy nervioso. Es territorial, incluso con ejemplares de su propia especie, no es extraño, por lo tanto, observarlo en enfrascadas luchas, como si de un “piel roja” se tratase
Viendo su conducta entre nosotros,  no es extraño que haya adecuado también su reproducción. Sus nidos, construidos por la hembra, son muy livianos, realizados con hierbas secas y recubiertas de raíces, musgo, plumas, pelos o incluso lana. Ella también se encarga de incubar sus 4-6 huevos, hasta que transcurridos unos 12-16 días, nacen los polluelos, es entonces cuando el macho más interviene en la alimentación de sus retoños. Suelen realizar dos puestas anuales.


De claro biformismo sexual, siendo la hembra de un color uniforme marrón-grisáceo y el macho de un negro muy intenso, a excepción de una pequeña franja blanquecina en las alas y su blanca frente. Ambos sexos con una cola rojiza-teja muy característica y del cual deben su nombre (las plumas centrales-rectrices- más amorronadas).
Aunque podemos verlo durante todo el año, una gran densidad, nos viene desde el sur cada primavera, en busca de temperaturas más suaves. Su cota ideal está entre los 800 a 1200 metros de altitud, pero cuando el invierno arrecia, es difícil verlo por encima de los 800 metros. No es extraño verlo en nuestra península a nivel del mar.



A este pajarillo también es llamado en algunos lugares como “carbonera” o “carbonero”, es de suponer que su color hollín cenizoso-carbón

Revista Zabaglia (2014) del Colegio Oficiar de Aparejadores y Arquitéctos técnicos de Huesca

Calendario Jarnaco: FEBRERO mes del Acentor Alpino (Prunella collaris)