Seguidores

domingo, 9 de septiembre de 2012

El Jabalí (Sus scrofa)… Agüelita ¡qué orejitas tan grandes tienes!


Pues sí, el cuento de caperucita roja bien podría  ir definiendo las principales características de nuestros “jabalines”:
La pobre caperucita podría preguntarle:

¡Qué orejitas más grandes tienes!... ¡son para oírte mejor!

El jabalí dispone de unas grandes orejas tiesas y peludas, capaces de escuchar sonidos que el ser humano es incapaz de detectar.  Este factor es crucial para su supervivencia.
¡Menudo  morro que tienes agüelita!... ¡son para olerte mejor!
 
El olfato lo tiene súper desarrollado, muy poderoso, lo que le permite, junto con el oído,  detectar a sus enemigos, a sus compañeros/as  o a su comida a larga distancia.
Los jabalíes se desplazan muy despacio por el monte, sin hacer casi ruido, como principal medida de protección, de vez en cuando se detienen para olfatear y escuchar su entorno.
Poseen el disco nasal movible.
¡Qué ojitos tan pequeños tienes!... ¡Es que soy un poco cegato!
No disponen de una vista buena, sus ojitos pequeños así lo delatan. Sus músculos visuales los tienen poco desarrollados, teniendo un efecto “borroso” sobre las siluetas, disponen de una mejor visión nocturna de lo que podríamos imaginar, permitiendo detectar cualquier movimiento próximo a él.
No les satisface los días de fuerte viento, ya que el movimiento de las ramas de los árboles les confunde demasiado.
Abuelita… ¡Qué dientes más grandes tienes!... ¡Son para comer mejor!
Se puede considerar que puede comer todo con lo que se tropieza, su alimentación omnívora le permite comer tanto animales como vegetales, destacando por encima de todo la ingestión de bellotas. Puede comer hierba, setas, raíces, pequeños mamíferos, insectos, lombrices, huevos, piñones, caracoles…. Dice la creencia popular  que en los lugares donde su población es muy abundante hay una disminución poblacional de otros mamíferos, como  zorros, tejones,  corzos, ginetas, gatos, ciervos, liebres… ya que son capaces de comerse a sus crías si se ponen a “tiro”. Frecuentan los campos de labor de cereales y hortalizas. Incluso comen carroña.
A los grandes machos les sobresalen sus poderosos colmillos de su jeta, mientras que en las hembras escasamente son visibles. Poseen 22 dientes por mandíbula, en los machos, los caninos superiores y inferiores tienen un desarrollo muy largo y curvado hacia arriba, formando una media luna.
Yaya… ¡Menudo pelo más áspero tienes!... ¡son para erizarme mejor!
Su pelo es grueso y áspero, lo que le permite que se le ericen cuando es acosado y se pone en posición de alarma, produciendo un aumento de volumen corporal.
Su pelaje es oscura casi negra según zonas, aunque también varía según la época del año y la edad del animal. En los pequeñines de menos de 6 meses su pelaje es a franjas más claras, lo que les hacen denominarse “rayones”, de los 6 a los 12 meses se les considera jabatos adquiriendo un color rojizo, careciendo del mechón del rabo de los adultos. A partir del año ya puede considerarse a un jabalí adulto, aunque por su inexperiencia no recibirán ese grado hasta pasar unos años.
La inexperiencia de los jóvenes les hace ser más impacientes y menos sigilosos de los que son sus mayores, lo que les hace delatar su presencia con mucha más facilidad, con el consiguiente peligro para su vida.
¡Cómo gruñes abuelita!... ¡son para asustarte mejor!
Para alarmar a sus enemigos posee una potente voz en forma de chillido de cerdo furioso. Cuando caminan las hembras junto a su prole sus gruñidos o “gorroneo” es suave. Los solitarios machos son muy silenciosos.
¿Por qué te escabulles, qué casi no te veo?... ¡Me escondo para sobrevivir!
Viven en terrenos espesos de vegetación, reguardados de las molestias ajenas. Se mueve mucho por lo que es difícil establecer una población real de una zona. Sus camas escavadas en la tierra o en la vegetación sólo son ocupadas por dos o tres días, aunque vuelve a ocuparlas transcurridas un tiempo.
De hábitos nocturnos o crepuscular donde se alimenta, bebe, se desparasita refrotándose con los troncos de los árboles o revolcándose sobre el barro de alguna charca. También es utilizado para sus actividades de celo. El celo comienza en noviembre y dura hasta febrero. La gestación de las hembras dura 4 meses, dando lugar a una prole de 3 a 8 crías, su madre los protegerá ferozmente incluso a exponer su vida con ello.
Aunque no es muy normal, en las zonas donde no se siente acosado también puede desplazarse de día. Los machos son muy solitarios, mientras las hembras son capaces de reunirse en pequeños grupos con sus hijitos.
Para terminar con algo de calidad me permito la licencia de entresacar del sensacional libro de “Reptiles y mamíferos ibéricos” de Fernando Luis Rodríguez Jimenez esta pequeña estrofa con su magnífico texto “Noche de luna. El suelo, en otoño, se dora de hojarasca. Cual avaro que cuenta sus monedas, el viento arranca las hojas que antes fueron verdes. Surge una sombra debajo de un chaparro. Es macizo de forma, oscuro como la noche. Se acerca a un árbol y comienza a rascarse, haciendo movimientos laterales, intentando mitigar la molestia que le producen los parásitos, martirio constante de su encame diurno. Un rayo de luna destella en sus fuertes y largos colmillos. Al parecer, camina con paso seguro hacia un sitio determinado. En el bosque hay un claro con barro de lluvias anteriores, marcado con numerosas huellas. Ahí llega, husmea el aire y comienza a rebozarse en el lodo….”
Un toque de color después de una entrada tan "gorrina": Abeja sobre un quitameriendas (Merendera montana)... Señal que el buen tiempo se acaba y los días se acortan