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domingo, 16 de septiembre de 2012

Un Alimoche (Neophron percnopterus) en mis manos... Capitulo 2.



La última frase del capítulo 1 decía “Las decisiones que uno toma en estados críticos son muy duras, pero no por ellas se pueden considerar inoportunas o erróneas…”

La inquietante observación de la pobre voleta (Neophron percnopterus) en posición agonizante, tumbado a pleno sol y sin la mínima protección te hace sentir lo que le tiene que pesar los más de 30ºC que sobre su cuerpo soportaba.

Lo primero fue ver su estado físico; con el más delicado cuidado lo inspeccioné para ver si tenía alguna herida o luxación de alguna de sus extremidades. Todo su aspecto corporal era el normal para un ejemplar adulto y todo parecía indicar que se trataba de un golpe de calor o alguna indigestión.

Su pico, como puede verse en la foto que hoy acompaña este capítulo, presentaba bastante barro, una mezcla entre el terreno polvoroso donde cayó y  la escasa saliva que su organismo proporcionaba.

Aunque se movía, mi presencia no le hizo tan apenas inmutarse, dejándome cogerlo, sin ninguna dificultad, en posición fetal pegado a mi cuerpo, sujetándole por las patas con la mano izquierda.

Su pecho no presentaba síntomas de delgadez, por lo que descarté la falta de comida como posibilidad de su patético estado actual.

Nos desplazamos a una sombra cercana para intentar realizar las acciones que pensé necesarias (limpiarle el barro del pico e intentar localizar telefónicamente alguna ayuda experta). Inclinada levemente la cabeza hacia un lado se le procedió a humedecerle el pico, para evitar así que la arena o barro le entrara por la garganta y limpiar exteriormente el pico empolvorado. El agua le hizo recobrar agilidad y empezó a mover la cabeza de un lado para el otro, con las plumas de la cocorata erizadas en plan de alarma. Por si tenía algún problema interno no le di de beber y me decanté sólo por humedecerle el pico, para que sintiera algo de frescura y remitiera la sensación de boca reseca.

A pesar de que su movilidad aumentó, en ningún momento hizo mención de atacar, picotearme o alarmarse de mi presencia. Sólo al acariciarle las patas, cerraba suavemente sus dedos sujetando los míos.

A pesar de la poca cobertura que ese día había en ese punto me decanté por intensar localizar al personal del CRFS de La Alfranca, sólo disponía de su número fijo, Al llamar me llegó la triste noticia que ese número no existía (o lo tengo equivocado o se había dado de baja). La cobertura tan baja, unida a un contrato de internet limitado me hizo imposible localizar el número por la red y lógicamente desesperarme porque la situación apremiaba una resolución rápida. Tampoco di, al no pasar estas cosas todos los días, el llamar al 112, qué supongo seguro se habrían puesto en contacto con algún agente de protección de la Naturaleza.

El tiempo que estuvimos en la sobra no llegó a los 10 minutos.

Finalmente, valoré la situación; si dejar allí al pobre bicho y acercarme al Centro de Interpretación de los Galachos de Juslibol para regresar con ayuda o trasladarlo yo hasta ese Centro (poco más de media hora). Al estimar excesivo el tiempo que transcurriría en el primer caso decidí llevarlo conmigo… y así agarrado en posición fetal contra mi pecho me desplacé al Centro de Juslibol.

El trayecto fue rápido, sin correr para evitar un vaivén excesivo y sobretodo intentando coger el máximo de sombras posibles. Antes de iniciar el estrecho y escarpado camino lateral de la balsa principal, le volví a humedecer el pico, pero como en la anterior ocasión, sólo para que sintiera algo de humedad en la boca.  La humedad en el pico le reconforto.

Llegué al Centro, teniendo la suerte que un grupo de visitantes estaba a punto de iniciar una de las rutas guiadas por un monitor….

Continuará....
 
Una de murciélagos…
Los murciélagos son los únicos mamíferos que pueden volar. De hábitos nocturnos, pasan las horas del día descansando, cabeza abajo, en los huecos de los árboles, cuevas o edificios abandonados.
Tiene una mala vista pero es capaz de detectar cualquier movimiento cercano a él, incluso del tamaño de un pelo humano. Para ello dispone de varias partes de su organismo que le ayudan especialmente; Con su nariz, fea de “narices”, emite sonidos de alta frecuencia, para ello su apéndice nasal que lo envuelve amplifica los sonidos. Sus amplios orejones  captan y amplifican el sonido en forma de ecos. Los órganos auditivos tienen forma de caracol en el oído interno, ocupan un gran capacidad en su segmento craneal, dando muestra de su poner.

Los ecos que escucha rebotados de su presa le informa de la distancia y la forma de su presa.
Durante los meses de junio y julio el  murciélago nacen las crías del Murciélago orejudo (Plecotus auritus). No volando hasta que dispongan de un mes de vida. Este tipo de murciélago es el más extendido del territorio español, especialmente en las zonas mediterráneas y áreas de montaña de baja altitud.

Dispone de unos 25 cm de envergadura y no suele pasar de los 5 centímetros y medio de longitud.

Un cuento de Mariposas

Nunca pensó aquel hombrecito que le resultara tan frustrante el recoger un capullo de mariposa de regreso a su casa después de su agradable paseo natural. Llegó con su capullito entre las manos deseoso de ver nacer una hermosa mariposa.

Pasaron los días hasta que en su parte inferior apareció un pequeño orificio, así que decidió sentarse a observar todo el proceso con la máxima atención. Las horas pasaban lentamente y por el orificio vio como forcejeaba una dulce mariposa para poder pasar por el pequeño agujerito.

Al verla medio atascada decidió ayudarle en el “parto”, cogiendo una tijera hizo el orificio más ancho para que saliera la mariposa. Vio su cuerpo hinchado y sus alas plegadas de tamaño diminuto. A pesar de su deseo, la mariposa nunca voló, y su cuerpo permaneció rechoncho con las alas dobladas.

El “bondadoso” hombre no sabía que el orificio del capullo está predestinado para esa función, para abrirse lo justo para que pudiera asomarse y que después luche con sus propias fuerzas para salir. La fuerza que imprime en este esfuerzo hace que los fluidos del cuerpo vayan a las alas, haciéndolas grandes y fuertes para poder volar.

Curiosidad: Según la cultura oriental las mariposas son mensajeras de los deseos más secretos, por lo que su vuelo hace que se acerquen al cielo todo aquello que más deseamos


 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Un alimoche en mis manos (Neophron percnopterus)…. Capitulo 1


Aquí comienza una pequeña historia sobre un Alimoche (Neophron percnopterus). Durante unos pocos capítulos se redactará lo acontecido en este triste suceso.

Transcurría casi la mitad del mes de mayo, con las aves estivales ya presentes entre nosotros. El sol abrasador nos auguraba un verano cálido y seco. Día soleado como pocos, donde ni la sombra de los árboles daba un respiro en el caminar por el escarpe de la Alfocea (Zaragoza).
 
El camino era muy agradable, a pesar del fuerte calor y del deslumbrante sol, debido a las notas que las numerosas aves canturreban. Ese día pretendía acercarme a los pájaros que de colores más exóticos nos visitan.  Tengo que reconocer que tengo una especial  devoción por el abejaruco (Merops apiaster) y por la oropéndola (Oriolus oriolus). Decidí centrarme en un punto donde la presencia del abejaruco es más visible, por los posaderos y  atalayas que utiliza, así como por la buena calidad del campo de caza de la que disponen. La zona está próxima a un nido de alimoches, que  días antes los había visto visitar, aunque no pensaba que hubieran iniciado la puesta.
Quería un día lleno de color y me tropecé con la “oscura” realidad. A los pies del escarpe, algo por encima del camino principal, algo se movía de la misma forma que el viento mueve un trozo de tela. A pesar de permanecer un rato inmóvil, y ante la duda que hubiera sido un aleteo, decidí acercarme para ver qué producía ese extraño movimiento.
 
No se puede describir la sensación que uno tiene cuando se encuentra con un animal en estado tan crítico, se podría decir que uno tiene nervios, angustia, temor, pero lo que te invade es una tremenda pena cargada de responsabilidad.
Las decisiones que uno toma en estados críticos son muy duras, pero no por ellas se pueden considerar inoportunas o erróneas….

Continuará…

Un pequeña muestra de los que se nos va y otra de lo que ahora podemos disfrutar.

Las aves estivales empiezan a dejarnos, muchas ya lo han hecho, otras lo harán a lo largo de este mes de septiembre y serán remplazadas por las invernantes.
Pollo de Avión común (Delichon urbica)
 
Este mes de septiembre es el mejor mes para observar a los papamoscas en nuestra tierra, grandes cantidades de aves nos visitarán procedentes de zonas más altas de Europa. Aquí se saciaran todo lo que puedan para afrontar con buen ánimo y fuerza el resto del viaje a territorio africano donde pasarán el invierno.
Papamosca cerrojillo (Ficedula hypoleuca)

Aunque pueden verse a lo largo de todo el verano, su población se cuatriplica en estas fechas.

Libélulas de este verano:

Cuando Dios fue creando a las especies y le tocó el turno a la pobre libélula no le otorgó el poder de volar. Al sufrir las continuas burlas del resto de los animales pidió cada noche con toda insistencia  que pudiera tener alas, aunque no dejará de ser un bonito sueño. Fue tal su devoción que al final nacieron alas en su cuerpo convirtiendo ese precioso sueño y en una realidad. Ni la celosa mariposa pudo arrebatárselas a pesar de su lucha, en mucho gracias a su anhelo, su lucha y su tremendo deseo por no desprenderse de ese tesoro.


 Sin duda la observación de las alas de la libélula da una sensación de calma, de paz y de ternura, quizás por sus transparencia y fragilidad, pero no dejan de ser ante todo un prodigio de la naturaleza.

Está como una cabra.... como un servidor!

El Jabalí (Sus scrofa)… Agüelita ¡qué orejitas tan grandes tienes!


Pues sí, el cuento de caperucita roja bien podría  ir definiendo las principales características de nuestros “jabalines”:
La pobre caperucita podría preguntarle:

¡Qué orejitas más grandes tienes!... ¡son para oírte mejor!

El jabalí dispone de unas grandes orejas tiesas y peludas, capaces de escuchar sonidos que el ser humano es incapaz de detectar.  Este factor es crucial para su supervivencia.
¡Menudo  morro que tienes agüelita!... ¡son para olerte mejor!
 
El olfato lo tiene súper desarrollado, muy poderoso, lo que le permite, junto con el oído,  detectar a sus enemigos, a sus compañeros/as  o a su comida a larga distancia.
Los jabalíes se desplazan muy despacio por el monte, sin hacer casi ruido, como principal medida de protección, de vez en cuando se detienen para olfatear y escuchar su entorno.
Poseen el disco nasal movible.
¡Qué ojitos tan pequeños tienes!... ¡Es que soy un poco cegato!
No disponen de una vista buena, sus ojitos pequeños así lo delatan. Sus músculos visuales los tienen poco desarrollados, teniendo un efecto “borroso” sobre las siluetas, disponen de una mejor visión nocturna de lo que podríamos imaginar, permitiendo detectar cualquier movimiento próximo a él.
No les satisface los días de fuerte viento, ya que el movimiento de las ramas de los árboles les confunde demasiado.
Abuelita… ¡Qué dientes más grandes tienes!... ¡Son para comer mejor!
Se puede considerar que puede comer todo con lo que se tropieza, su alimentación omnívora le permite comer tanto animales como vegetales, destacando por encima de todo la ingestión de bellotas. Puede comer hierba, setas, raíces, pequeños mamíferos, insectos, lombrices, huevos, piñones, caracoles…. Dice la creencia popular  que en los lugares donde su población es muy abundante hay una disminución poblacional de otros mamíferos, como  zorros, tejones,  corzos, ginetas, gatos, ciervos, liebres… ya que son capaces de comerse a sus crías si se ponen a “tiro”. Frecuentan los campos de labor de cereales y hortalizas. Incluso comen carroña.
A los grandes machos les sobresalen sus poderosos colmillos de su jeta, mientras que en las hembras escasamente son visibles. Poseen 22 dientes por mandíbula, en los machos, los caninos superiores y inferiores tienen un desarrollo muy largo y curvado hacia arriba, formando una media luna.
Yaya… ¡Menudo pelo más áspero tienes!... ¡son para erizarme mejor!
Su pelo es grueso y áspero, lo que le permite que se le ericen cuando es acosado y se pone en posición de alarma, produciendo un aumento de volumen corporal.
Su pelaje es oscura casi negra según zonas, aunque también varía según la época del año y la edad del animal. En los pequeñines de menos de 6 meses su pelaje es a franjas más claras, lo que les hacen denominarse “rayones”, de los 6 a los 12 meses se les considera jabatos adquiriendo un color rojizo, careciendo del mechón del rabo de los adultos. A partir del año ya puede considerarse a un jabalí adulto, aunque por su inexperiencia no recibirán ese grado hasta pasar unos años.
La inexperiencia de los jóvenes les hace ser más impacientes y menos sigilosos de los que son sus mayores, lo que les hace delatar su presencia con mucha más facilidad, con el consiguiente peligro para su vida.
¡Cómo gruñes abuelita!... ¡son para asustarte mejor!
Para alarmar a sus enemigos posee una potente voz en forma de chillido de cerdo furioso. Cuando caminan las hembras junto a su prole sus gruñidos o “gorroneo” es suave. Los solitarios machos son muy silenciosos.
¿Por qué te escabulles, qué casi no te veo?... ¡Me escondo para sobrevivir!
Viven en terrenos espesos de vegetación, reguardados de las molestias ajenas. Se mueve mucho por lo que es difícil establecer una población real de una zona. Sus camas escavadas en la tierra o en la vegetación sólo son ocupadas por dos o tres días, aunque vuelve a ocuparlas transcurridas un tiempo.
De hábitos nocturnos o crepuscular donde se alimenta, bebe, se desparasita refrotándose con los troncos de los árboles o revolcándose sobre el barro de alguna charca. También es utilizado para sus actividades de celo. El celo comienza en noviembre y dura hasta febrero. La gestación de las hembras dura 4 meses, dando lugar a una prole de 3 a 8 crías, su madre los protegerá ferozmente incluso a exponer su vida con ello.
Aunque no es muy normal, en las zonas donde no se siente acosado también puede desplazarse de día. Los machos son muy solitarios, mientras las hembras son capaces de reunirse en pequeños grupos con sus hijitos.
Para terminar con algo de calidad me permito la licencia de entresacar del sensacional libro de “Reptiles y mamíferos ibéricos” de Fernando Luis Rodríguez Jimenez esta pequeña estrofa con su magnífico texto “Noche de luna. El suelo, en otoño, se dora de hojarasca. Cual avaro que cuenta sus monedas, el viento arranca las hojas que antes fueron verdes. Surge una sombra debajo de un chaparro. Es macizo de forma, oscuro como la noche. Se acerca a un árbol y comienza a rascarse, haciendo movimientos laterales, intentando mitigar la molestia que le producen los parásitos, martirio constante de su encame diurno. Un rayo de luna destella en sus fuertes y largos colmillos. Al parecer, camina con paso seguro hacia un sitio determinado. En el bosque hay un claro con barro de lluvias anteriores, marcado con numerosas huellas. Ahí llega, husmea el aire y comienza a rebozarse en el lodo….”
Un toque de color después de una entrada tan "gorrina": Abeja sobre un quitameriendas (Merendera montana)... Señal que el buen tiempo se acaba y los días se acortan