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lunes, 7 de mayo de 2012

Se destaca a los "tordos" entre las especies que nos han dejado a la llegada de la primavera:

Zorzal charlo (Turdus viscivorus)

Cuando las temperaturas descienden nos visitan grandes bandos de estos tordos. Son ejemplares procedentes principalmente del NE de Europa, lugares éstos, donde en la época estival, realizan el ciclo reproductor. No todos los charlos migran, las poblaciones del centro y sur de Europa son por lo general sedentarias o realizan desplazamientos parciales.

Por la gran cantidad de ejemplares que nos suelen llegar todos los inviernos nos hace pensar que es una especie superviviente, pero se cree que más del 60% de los jovencitos no llegan al año de edad y pasados este periodo de su vida su mortandad se sitúa cercana al 40%. En los años de temporales muy fríos las bajas son muy superiores.

De su alimentación se puede destacar su predilección por las bayas del muérdago, sirviendo a su vez al transporte de sus semillas a otros árboles donde parasitará la planta. Fuera del estío, su alimento predilecto son los invertebrados que captura en terrenos abiertos, incluso en los parques y jardines.

Aunque nidifica en nuestra tierra es de los meses de octubre a marzo donde vemos aumentar su población de manera abismal.

Zorzal común (Turdus philomelos)

Su población también aumenta en nuestra tierra con la bajada de temperaturas de enero, aunque hay muchos ejemplares que permanecen con nosotros todo el año, incluso intentan resistir en los inviernos muy severos en sus zonas habituales, a pesar que sus otros parientes emigran a tierras más cálidas. Su alimentación la podemos dividir en dos partes, siendo las orugas su principal alimento entre los meses de mayo y junio y los frutos a partir del otoño.
Como curiosidad se nombra su peculiar forma de alimentarse de caracoles, de los cuales se nutre cuando los recursos escasean. Los suele golpear contra una piedra hasta romper el cascarón, costumbre que seguro va con su genética.

Zorzal real (Turdus pilaris)

Su presencia nos puede marcar la temperatura severa que azota el centro y norte de Europa, ya que en los inviernos suaves su presencia es más bien anecdótica. Este precioso tordo es una de las joyas que tenemos en invierno.

Al igual que sus hermanos se alimenta de insectos y lombrices y a partir del otoño las bayas y frutos adquieren una gran importancia.

Nos falta por reseñar al Zorzal alirrojo (Turdus iliacus), un tordo muy parecido al zorzal común, del cual distinguiremos por un marcada ceja clara y sus alas rojizas por su parte inferior. A nuestra tierra también nos llega en inviernos fríos y en muchas ocasiones entremezclados con los bandos de los reales (los grupos nunca son tan numerosos como los charlos).