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jueves, 27 de enero de 2011

En el recuerdo de una libertad perdida… Añoranza y realidad

Por la mente del viejo quebrantahuesos pasaban imágenes de un pasado no muy lejano, un recuerdo cargado de añoranza: ¿dónde están esos pastores cargados de alforjas de pellejo, sus botas de vino, sus rectos palos de avellanera y sus rebaños de ovejas? ¿Dónde están esas gentes que con los carromatos tirados por machos se malhumoraban por los pedregosos caminos? ¿y esos rudimentarios aperos de labranza tirados por bueyes y machos? Además de esa vida campesina, también añoraba sus tranquilas rocas, ese pequeño mundo al margen de las molestias humanas. Añoraba sus “restaurantes” naturales en las cercanías de los pequeños poblados, esos muladares donde dejaban las reses que se morían en las pequeñas explotaciones ganaderas. Ahora se tiene que conformar con los puntos de alimentación suplementaria, que los gobiernos autonómicos han dotado para alimentar a la población necrófaga, y por supuesto, se tienen que conformar con “mendigar” por los montes en busca de “migajas” naturales.
También mendigan para encontrar puntos tranquilos y medianamente viables para realizar sus puestas. Hoy contamos una pequeña historia “de hoy” con final feliz… quizás no se esté haciendo todo demasiado mal, no?
Repaso y repaso el calendario, con sus fases lunares de semana en semana… el corazón se acelera, pero la fría cabeza razona que quizás estoy errando… vuelvo a contar de nuevo, ahora día tras día con mi dedo recorriendo número tras número, con tanta ilusión como el que espera la fecha del nacimiento de un hijo… Por fín! Ha llegado el día de saber si la dura lucha por procrear de mis amigos los quebrantahuesos ha dado sus frutos.
Cojo ansioso la pesada mochila, a la que hoy añado el viejo telescopio de 50 aumentos y ese cojo trípode que está más tieso que mí castigada rodilla. El día está muy nublado, con amenaza de lluvia. Menos mal que el camino es ameno y se oye el despertar de la mañana. La naturaleza también está saliendo de su letargo invernal, comenzando a llenarse el mundo de color de vida. Estamos a 20 de marzo.
Un precioso zorro canoso me saluda con su sonrojante sonría burlona, discreto continúa su tranquilo paso. Creo que sabe que con el peso que llevo es extraño que le haga daño. Pese a su indiferencia me lo llevo a casa de recuerdo en forma de fotografía (de la que ya se hablo en el blog).
La llegada al punto de observación está cargada de temor e ilusión a la vez. Temor por descubrir otro duro fracaso, como los cinco fracasos anteriores seguidos, e ilusión por ver algún indicio de movimiento de vida en el interior del nido.
Malo… el adulto continúa en posición de incubación… ya estamos pasados de fechas para ello… toca esperar para confirmar o llorar.
… El aire empieza es tan molesto como cuando prelude una tormenta veraniega. A pesar del “tembleque” de telescopio, se detecta algo en el nido que me llena de optimismo, aunque haya sido un simple estiramiento del ala del adulto. Su posición del ala semidesplegada parece hacer de paravientos. En mi mente se visualiza la misma posición empleada en otro nido, 9 años atrás, cuando le servía, en ese caso, de parasol a un recién nacido “renacuajo” blanquecino… aún con todo había que esperar.
… Pasada la hora, el adulto se levanta y comienza un cuidadoso paseo por el nido, hasta llegar al lateral donde almacena algo de comida. Picotea y desgarra, se ven trocitos de carne en el pico, bajando posteriormente la cabeza hacía lecho lanudo, dando todas las pistas para delatar que está cebando. Después de varias cebas, sacia también su hambre con una “grandota” pata de cordero y se la engulle sin apenas esfuerzo, salvo el típico movimiento del cuello para facilitar el tragado.
… La tarde se vuelve noche por el tupido nublado y decido emprender el regreso, Me siento tan feliz como un niño con zapatos nuevos. Al poco de iniciar el descenso empieza a llover de manera copiosa, saltándome la duda de cómo afrontan en estos casos los adultos las inclemencias adversas. Al regreso al punto de observación veo al adulto semiplantado, con su espalda al exterior y dando su cola y dorso a la dirección del viento, se intuye correr el agua por su espalda, de igual forma que veo correr el agua por el chubasquero y mi nariz larguireña. El pecho da al interior del nido, donde está el caliente polluelo.
… Llego empapado al coche, pero lleno de alegría… ¡Tenemos pollo!
… Su vida desde entonces ha ido bien y tranquila, salvo el estrés de su marcaje, ahora vuela libremente y su comportamiento es más o menos normal, salvo el hecho que todavía anda por la zona de nacimiento, con los padres cebándolo en ocasiones y eso que estamos bien entrados en enero y estando a punto una nueva puesta. La última visita los adultos ya no estaban tan cariñosos con el jovenacho e incluso parecían persuadirle de que molestaba… Espero que no se inmiscuya con la nueva puesta.

martes, 25 de enero de 2011

Diminuto pero venerado: El Chochín (Troglodytes troglodytes)

Este minúsculo pajarillo se afana para hacernos pensar que está algo “loco”, no para de mover su diminuto cuerpo barrado y su empinada cola. Su observación no pasa de unos segundos y entra y sale de la maleza a una velocidad endiablada. Sus saltos, andares y revoloteos a escasos centímetros del suelo nos hacen incluso pensar que estamos cerca de un ratoncillo.
Además de su color herrumbroso, con alas barradas, destaca su fino pico que delata su alimentación a base de insectos y arañas que caza entre la vegetación baja, la hojalastra y la hierba. También le delata su ceja clara sobre el ojo. Su actitud “atlética” y su costumbre de desplazamiento “nervioso” le hace poseer unas patas y “pies” fuertes. Su pequeño tamaño no nos da pie a imaginar que su canto sea tan llamativo como es en realidad; posee un canto fuerte, muy rápido con llamativos trinos en ocasiones.
En estos días los podemos observar con más facilidad debido a la posible llegada de ejemplares europeos, o los semi-desplazamientos que realizan desde las cotas más altas de nuestra comunidad. Hay que decir qué, a pesar de su tamaño, es capaz de realizar la cría hasta latitudes cercanas a los 1.600 metros, lo que claramente va en su contra al llegar las heladas y las nieves. Razón por la que se desplazan ligeramente tierras más bajas. Es una de las especies que más bajas poblacionales crea el clima.
Dentro de las leyendas populares, es una especie llena de buenos propósitos, incluso llega a ser venerada en algunos lugares. Siempre se ha dicho que “sus nidos no los podemos tocar porque nos caerá mil maldiciones en los próximos días”, y mucho menos sus crías “nos caerían desgracia tras desgracia durante cinco años”… así que mejor dejarlos tranquilos, no?. En algunas culturas corre el siguiente cuento popular “en un debate sobre quién era el rey entre todos los animales se tomó la decisión que fuera el que volara más alto. Así pues, se decidió hacer la prueba para coronar al verdadero rey, donde la poderosa águila pensó que le sería muy fácil ganarla. En un descuido de la gran rapaz, el pequeño chochín trepo sobre su espalda y quedo resguardado entre los plumones. El águila emprendió el vuelo ascendente y cada vuelta que daba ascendía un poco más y más y más… hasta que llegó un punto que su cuerpo dijo basta y pensó con toda lógica que nadie había volado tan alto como él… pero en ese instante asomó el chochín entre sus plumas y dio un saltito desde su espalda, llegando un poquito más alto de lo que el águila llegó y así fue como fue coronado el pequeño rey… “Con astucia y modestia se puede llegar donde se quiera”.
También hay otro mito que dice “se quedó tan pequeño al darle la vuelta a sus huevos el día de jueves santo, día en que las gentes de los campos no pueden trabajar” Aunque para MITO y pequeño este... Mito (Aegithalos caudatus) todo un acróbata:
La alerta de un Milano real (Milvuls milvus): Hay habladurías, incluso pudiera decirse leyenda, que es una rapaz miedosa y que si se consigue acercarse sin ser visto a una distancia corta, llega a quedarse parado, agachado y petrificado, incluso hasta el punto de poderlo atrapar con las manos sin esfuerzo" no he tenido la suerte de comprobarlo, pero si que es una de las rapaces que más alerta están, siendo muy desconfiadas, a pesar de vivir en las cercanías de las poblaciones urbanas, y dudo mucho que alguién pueda ni tan siquiera "intentar" realizar la prueba sin ser descubierto por los avispados milanos.

domingo, 23 de enero de 2011

Picoteando un poco por el blog: el Increible Picogordo

Hoy nos quedamos “helados” al ver a esta preciosa especie, el Picogordo (Coccothraustes coccothraustes) nos visita en este tiempo invernal, especialmente cuando rondamos temperaturas inferiores a los 0ºC. El motivo no es otro que es su “huída” de las regiones europeas donde la ola de frío es más intensa. Llegan a este lado del Pirineo para “calentarse” y alimentarse en nuestra tierra al poseer unas temperaturas más agradables (para ellas… claro está).
Ha sido curioso constatar qué, a pesar de ser nombrada en multitud de ocasiones por nuestros “abueletes”, la primera cita tomada por ornitólogos en esta parte de los Pirineos fue en febrero de 1972 en las cercanías de Jaca.
También hay algunos autores que aseguran que son las hembras mucho más viajeras que los machos, siendo éstas las que en un mayor número visitan la Península Ibérica (Peter Hayman & Rob Hume –AVES- Guía ilustrada de las aves de España y de Europa).
No hay duda que el sobrenombre de “picogordo” le viene por su poderosa herramienta cónica, totalmente desproporcionado si lo comparamos con el resto de su tamaño corporal. Su cabeza tampoco se queda muy atrás, dando la impresión general de cabezón con un poderoso cuello “cuellicorto”. La coloración de su pico también nos delata la época del año en la que estamos, ya que en la estival su coloración es blanco-azulada, mientras en este tiempo invernal es blanco-amarillento.
Sus poderosas mandíbulas no serían nada sino vienen acompañadas de unos músculos altamente desarrollados. En su caso es así, haciendo entre ambos elementos una mordaza trituradora de una fuerza cercana a los 35kg de presión, algo descomunal si vemos que es un ave de escasos 18cm de longitud.
El interior del pico está especialmente preparado, con una especie de almohadilla, para la sujeción de las semillas y demás frutos secos, evitando así que salgan despedidas cuando ejerce su poderosa fuerza para romperlas.
Aunque son capaces de romper los huesos de las cerezas, ciruelas o de las aceitunas también se alimentan de insectos, orugas y brotes tiernos cuando la ocasión lo requiere, especialmente en la época de cría y alimentación de sus polluelos. Parece tener especial predilección, por Embún, a las semillas “aladas” como la de los “escarrones” (Acer común).
Es bastante difícil su observación, a pesar de ser el fringílido de mayor tamaño, ya que además de su pequeña población son de un carácter muy huidizo.
En nuestra campaña de anillamiento se anillaron varios Picogordos, siendo el primero en febrero de 1986. Repasando algunos otros históricos de anillamiento destacaban que el tamaño de las alas (macho/hembra) variaban de 101 a 106 mm.
Otro curioso dato de febrero del 89 se reseñaba, en el anillamiento de un macho, que la temperatura ambiental era muy alta para la época del año, se estaba llevando una prolongada sequía, bajando el río muy pequeño y se notaba una necesidad de agua en el monte… Esto contradice bastante lo reseñado al principio de la entrada… “eran otros tiempos…”
Es “grato” recordar las experiencias de tenerlo en la mano y la lucha “feroz” con la que la mayoría de ellos ejercía para liberarse antes de tiempo. En mi recuerdo está la “mordedura” sangrante en uno de mis dedos, que no había manera de hacer aflojar semejante “tenaza”. Con posterioridad ya ibas preparado con una rama lo suficientemente dura para que la fuera mordiendo mientras realizabas el anillamiento y mediciones pertinentes… eso sí sin apartar ni un segundo la mirada de su desafiante pico... Aún con todo, es una es las especies más increíbles para tenerla cerca siendo mucho más “guerrilleros” los machos que las hembras.