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sábado, 6 de noviembre de 2010

De curiosidades, trampas y habladurías está nuestro caminar diario... Hoy de todo un poco

Da mucha rabia escuchar historias crueles de animales y de las plantas que ensucian las características beneficiosas de las especies… Esto puede decirse del arto o espino, por un lado tenemos su aporte para combatir los dolores de anginas, angustias o diarreas entre otras muchas y por otro lado te cuentan que en la antigua Edad Media era la madera utilizada para la fabricación de los cepos de los suplicios.
Hay algunas collalbas que construyen “trampas” para sus depredadores, aunque nunca son tan terroríficas como los macabros cepos de arto. Las collalbas suelen realizar sus nidos en los lugares pedregosos o en los huecos del terreno para quedar así camuflados en el entorno, pero además de esta sutileza añaden en ocasiones una curiosa trampa, consistente en la acumulación de pequeñas piedras delante de la boca de entrada al nido. Cuando el “morgoño” de piedrecitas es tocado por un presunto ladrón, la construcción se suele ir abajo con el consiguiente susto del acosador, que no tarda en emprender la huída. Aunque la foto es de una collalba rubia su “hermana” al collalba negra es la que más realiza esta curiosa defensa de su casa.
Siempre es buena señal el poder observar mirlos acuáticos en los cursos de nuestros ríos. Ellos nos indican la buena “salud” del agua.
De todos modos, no es tan fácil como parece conservar su presencia en nuestro territorio, ya que siempre está predeterminado a una serie de factores muy importantes para su supervivencia, como son la disponibilidad de presas y la calidad fisicoquímicas del agua.
Es curioso comprobar qué cuanto más pura es el agua y menos acidez tiene mayor es la abundancia de estas aves. Así se ha podido comprobar que en los tramos de los río con una acidez rondando el pH 7 habitan más aves que en los tramos cuyos valores descienden al pH 5 ó 6. Es de suponer que esta presencia va relacionada con la mayor presencia de sus presas principales de las cuales se alimenta, tal es el caso de los tricopteros y las ninfas. Destacar que la dureza de las aguas no es tan importante como la acidez.
La orografía del terreno también les afecta, prefiriendo estos mirlos un desnivel oportuno del terreno que garantice una corriente apropiada y propicie unos buenos “posaderos” donde descansar o divisar su alimento.
Los Sarrios tienen una vida diurna y con una vida social en pequeñas manadas, aunque los machos más viejos suelen llevar una vida solitaria y solo juntarse con el grupo para el apareamiento, que suele ser sobre estos meses de octubre a diciembre. Seis meses después nacerán sus crías, capaces de seguir a sus madres a los pocos días, no abandonándolas hasta al menos transcurrir un año sin apartarse de ellas. Esta foto de la madre con su “bebe” corresponde a los primeros días de julio.

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