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jueves, 21 de octubre de 2010

Garra, pico, cleta… para conservar a nuestros quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

Me “agarro” a la conservación del quebrantahuesos aunque por mi “pico” no salgan palabras que suenen a mitin sindicalista o al de un estricto ecologista. La protección que yo proclamo es tan simple como la comprensión y el respeto.
Compresión ante sus necesidades vitales y la lucha que debemos imponernos para que no se trunquen dichas penurias. Respeto cuando nos tropezamos con ellas y cuando hacemos cualquier intervención dentro de su entorno.
Hoy sólo quiero poner una “cleta” imaginaria entre lo fascinante y lo prioritario. Ni que decir tiene que la primera prioridad siempre tiene que ser su tranquilidad y la delicadeza que debemos mostrar ante esta maltrecha especie.
Espero que esa barrera que propongo no se vea como la de la destartalada foto, ni se perciba tan “cuca” como en la otra imagen, donde nos detiene más su impacto visual que como cualquier obstáculo que nos impida pasar.
Aunque pueda parecer lo contrario, las garras de los quebrantahuesos no son indicio de ser rapaz de presa. Sus dedos cortos profundamente escamados, unido a sus curvadas uñas negras, le sirven de prefecta herramienta para “agarrar” y sujetar grandes huesos o material leñoso mientras vuela.
Poseen un pico profundamente curvado de color blanco hueso, la descolorida lengua tiene la forma de su mandíbula inferior, poseyendo una especie de callosidad en la parte interior. De esta larga lengua se pensaba que servía para extraer la médula de los huesos, pero J.F Terrasse discute dicha hipótesis, ya que según cuenta, nunca se ha llegado a observar directamente.

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