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sábado, 30 de octubre de 2010

El Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus): Una perfecta “máquina voladora”

El Quebrantahuesos es una perfecta “máquina” voladora. Parece increíble que un ave de 7 kg de peso pueda volar con tanta delicadeza y sin denotar tan apenas esfuerzo.
Gran parte de esta habilidad radica en su gran superficie de sustentación; sus anchas y largas alas, de casi 3 metros de envergadura, unido a su ancha cola cuneiforme proporcionan al gypaetus un perfecto equilibrio en el aíre. Tal aspecto, también le posibilita la tendencia a un vuelo ascendente y sin tan apenas realizar un gasto importante valor energético. Razón por la que no le son tan necesarias las corrientes térmicas calientes como a los buitres y así, desde las primeras horas del día, pueden desplazarse o planear sobre sus territorios. Suele volar pegado a las rocas para aprovechas los primeros indicios de las térmicas ascendentes.
En los desplazamientos rápidos, de acercamiento o alejamiento, se pueden observar en forma de arco turco, con las primarias de las alas tirando hacia atrás y sus “hombros y codos” hacia adelante y su cola parece más larga y estrecha.
Tiende a dar grandes aleteos, hasta casi tocar ambas alas, para desplazarse a más velocidad o incluso cuando decide descender (con aleteos más prolongados).
Sin duda el vuelo del Quebrantahuesos es majestuoso, destacando sus alas largas y estrechas de color negro muy intenso, al poseer el raquis de las plumas de un color blanco hueso da la impresión de tener listas o rayitas blanquecinas por la parte superior. En los jóvenes no se revelan estas manchitas y su plumaje es completamente oscuro salvo el llamativo escudo dorsal claro.
Para todo el que ha podido observar la pautas de celo de la especie seguro que no le ha dejado indiferente. Resulta espectacular, comenzando con aleteos a gran altura, picados y agarres de las patas, en esta situación pueden caer en forma de remolino bastantes metros, incluso terminar en el suelo. Una vez en el suelo, en las cercanías del nido o en los habituales rompederos o incluso en esos lugares que utilizan de “despensa”, se procederá a la ceremonia de la cópula.
En muchos casos es de forma directa y en otras se puede contemplar la llamada “salutación” en la que ambos individuos se colocarán uno frente al otro y se hacen reverencias, estirando y encogiendo el cuello, que culminará con la cópula.
De este dibujo extraído de mi cuaderno de campo he querido reflejar otra de sus características de vuelo, la que denomino de “complicidad”, en ella uno de los adultos llega al lugar donde está parada su pareja y comienza a realizar vuelos cercanos a ella, con relativos amplios planeos.

Tras una breve espera de algunos minutos levanta el vuelo de su posadero y comienza la ascensión en círculos mucho más cortos que el que estaba volando y en el mismo sentido de rotación. La diferencia de amplitud de círculos hace que ascienda fácilmente por encima del otro y comience entonces el ritual de “emparejar” la secuencia y velocidad de vuelo para terminar alejándose en la misma dirección con varios metros de altitud uno del otro.
La secuencia fotográfica de vuelo de estos quebrantahuesos es de un trío del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y aunque no son de gran calidad, sí que demuestran que a pesar de estar en los primeros días del periodo de incubación, el “amorío” sigue vivo pasada la puesta. Secuencia justo después de un relevo.

2 comentarios:

patxi dijo...

De calidad más que suficiente amigo Jarnaco. Qué pedazo de envidia que das! Te imagino con el cuello entumecido por estar todo ese rato mirando al cielo. Ya firmaba yo.. Un saludo con alas..

jarnaco dijo...

Hola patxi, pues tienes razón... uno se queda "embobado" viéndolos volar y oirles cortar el aire con tanta "dulzura".
En nada empezaremos a verlos en nuevos vuelos nupciales prediciendo el principio de su ciclo reproductor... aunque es de las pocas especies que estan casi los 12 meses "trabajando" de una o de otra manera.
Gracias por acercarte al blog y volar con él. Saludos