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domingo, 24 de octubre de 2010

Reformas en casa... primero me das, luego me quitas

Antiguamente el medio natural aportaba una gran actividad para el hombre. De él obtenía el bienestar necesario para vivir, gracias a la agricultura, a los pastos, a la madera y a la recolección del resto de los aprovechamientos forestales.
Siendo Aragón un territorio bastante montañoso se podría pensar que los bosques ocupan grandes extensiones, pero por desgracia no es así, considerándose una extensión aproximada de 1.5 millones de hectáreas la denominada masa forestal, lo que supone escasamente un 30% de la región.
Las nuevas formas de vida ha supuesto una disminución de la población humana en zonas del medio-monte y de los centros urbanos que se asentaban por encima de los 1.000 metros de altitud. Cota que también habían hecho suya multitud de especies, al proporcionarles alimento y cobijo en los duros inviernos.
El abandono de las “casas” de los pueblos, que abarcaban tanto la vivienda familiar, como todas las construcciones a su cargo, como corrales, pajares o bordas, ha acasionado un cambio de “habitantes” de las mismas. Los pájaros han encontrado en las casas abandonadas el lugar ideal para realizar sus ciclos vitales. Los huecos y agujeros de las paredes y de los tejados son hoy en día muy aprovechados.
El tipo de las construcciones de nuestros abuelos también ha favorecido, ya que utilizaban las materias primas que el terreno les proporcionaba. Las piedras, losas, cantoneras, zócalos, adobes, tejas… han ayudado a la hora de la formación de las oquedades en las edificaciones.
Hoy en día parece que la extensión humana vuelve a extenderse y a volver a esos lugares despoblados o semi-despoblados. Aunque en su mayoría son para casos de estancias reducidas, como el veraneo o de turismo.
Las reformas y nuevas construcciones tampoco ayudan a nuestras queridas aves. La utilización de los nuevos materiales, más baratos y de una finalización de obra más rápida, ocasiona un cerrado hermético de los edificios.
Ahora sólo nos fijamos en nuestras aves cuando queremos sacar un beneficio de ellas y cuando el “mal” en cierto modo está realizado. A modo de ejemplo se nombra a nuestros cernícalos, muy útiles para el control en las cosechas de los topos, musarañas, ratas, lagartos… proporcionando un equilibrio natural, rápido y eficaz. Aunque cualquier pájaro es importante para realizar este equilibrio, la disminución de ellos ocasionaría un incremento de insectos con el consiguiente riesgo de plagas.
Siguiendo con los cernícalos y la construcción… según el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) confirma qué “un depredador generalista es el de estabilizar las fluctuaciones en las poblaciones de presas e impedir grandes picos de abundancia, lo que podría ser utilizado como herramienta para prevenir las exposiciones demográficas de especies como el topillo” así en los años que se ven más cernícalos por la zona hay menos presencia de estos “bichejos” dañinos para los campos.
La colocación en los edificios nuevos de las llamadas tejas nido podrían ayudar al asentamiento de estas especies, o ser ocupadas por otras que se afanan en encontrar un huequecito para construir sus nido.

Nota: según el último censo poblacional en Aragón hay 1.315.473 habitantes, lo que supone un 28´52 habitantes/km2.

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