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lunes, 13 de septiembre de 2010

El Verderón (Carduelis choris) y el murcipájaro

Al verderón común se le podría compararse con el picogordo por su poderoso pico, no en vano es detrás de este fringílido el pajarillo que posee el pico más potente. También por sus características alimenticias y por su colorido se podría considerar un gran pinzón. Su tamaño real es parecido al de un gorrión.
Su musical gorjeo le ha supuesto a un numeroso número de ejemplares pasar sus vidas encerradas en una jaula. En primavera los machos cantan sus melodiosos trinos desde las puntas de los árboles. también los realizan en vuelos circulares con las alas extendidas. Estos aleteos de celo se asemejan al vuelo de un murciélago, al parecer que caen en picado al suelo, aunque siempre consiguen parar después de un vuelo circular en lo alto de la rama.
Cuando se desplaza sus vuelos son profundamente ondulados, destacando entonces sus llamativos colores. Poseen un color oliváceo-verdoso uniforme, con tonalidades amarillentas. El macho disponen de unas atractivas listas amarillas en las alas y en su pequeña cola profundamente ahorquillada. La hembra y los jóvenes tienen unas tonalidades más apagadas.
En Aragón es una especie común, y aunque no forma una gran población sí que se puede considerar abundante. Tenemos la gran suerte de poder disfrutar de un gran número de ejemplares que nos visitan procedentes del resto de Europa en esta época que comenzamos. Cuando la temperatura empieza su descenso invernal, grandes bando de fringílidos pasan con nosotros el duro invierno, formando en ocasiones grupos mixtos, con pinzones, verdecillos, verderón serrano, jilgueros e incluso gorriones.
Aunque se han encontrado nidadas por encima de los 1300 metros de altitud, se puede decir que su tope ideal es la de los 900 metros.
Su poderoso pico nos delata sus hábitos alimenticios. Esta tremenda herramienta le sirve para “triturar” semillas y frutos secos, aunque tampoco le amarga los insectos, bayas, frutas o finas hierbas y suaves brotes. Desde muy jóvenes les incitan a alimentarse de semillas, ya que incluso en las cebas a los polluelos les obsequian con semillas trituradas del buche.
Les gustan los terrenos abiertos, huyendo de las zonas boscosas. Es muy asiduo de los jardines y huertas.
Se dice que descuida el interior del nido, siendo uno de los fringílidos “más sucios”.
Como se ha comentado, el vuelo de celo del macho se asemeja en ocasiones al de un murciélago, por eso este cuento de P.P Sacristán le va muy bien a esta entrada. También por lo habitual que es ver a estos verdepájaros enjaulados.
"Había una vez un murciélago para quien salir a cazar insectos era un esfuerzo terrible. Era tan comodón, que cuando un día por casualidad vio un pájaro en su jaula a través de una ventana, y vio que tenía agua y comida sin tener que hacer ningún esfuerzo, decidió que él también se convirtiría en la mascota de un niño.
Empezó a madrugar, levantándose cuando aún era de día para ir a algún parque y dejarse ver por algún niño que lo adoptase como mascota. Pero como los murciélagos son bastante feuchos, la verdad, poco caso le hacían. Entonces, decidió mejorar su aspecto. Se fabricó un pico, se pegó un montón de plumas alrededor del cuerpo, y se hizo con un pequeñisimo silbato, con el que consiguió que sus cantos de murcipájaro fueran un poco menos horribles. Y así, y con mucha suerte, se encontró con un niño bastante miope que casi nunca llevaba sus gafas, a quien no importó el ridículo aspecto de aquel pájaro negro y pequeñajo.
El murciélago fue feliz a su jaula, dentro de una casa cómoda y calentita, donde se sintió el rey de todos los murciélagos, y el más listo. Pero aquella sensación duró tanto como su hambre, pues cuando quiso comer algo, allí no había ni mosquitos ni insectos, sino abundante alpiste y otros cereales por los que el muerciélago sentía el mayor de los ascos. Tanto, que estaba decidido a morir de hambre antes que probar aquella comida de pájaros. Pero su nuevo dueño, al notar que comenzaba a adelgazar, decidió que no iba a dejar morir de hambre a su pajarito, y con una jeringuilla y una cuchara, consiguió que el aquel fuera el primer murciélago en darse un atracón de alpiste...
Algunos días después, el murcipájaro consiguió escapar de aquella jaula y volver a casa. Estaba tan avergonzado que no contó a nadie lo que le había ocurrido, pero no pudo evitar que todos comentaran lo mucho que se esforzaba ahora cuando salía de caza, y lo duro y resistente que se había vuelto, sin que desde entonces volvieran a preocuparle las molestias o incomodidades de la vida en libertad"

Todo tiene su parte incómoda o desagradable que hay que aceptar, porque no se pueden separar esas cosas del resto de la vida

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