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jueves, 26 de agosto de 2010

ya están "aterrizando" las alicas blancas y las alicas pardas

Los papamoscas son otras de esas especies que nos llegan y se van de nuestra tierra sin avisar, pasando de no ver ningún ejemplar a ver a cientos y también el caso contrario, de ver cientos y desaparecer sin saber el motivo.
En esta época de finales de agosto y principios del otoño tenemos la suerte de poder disfrutar de su presencia. La explicación más razonable de este fenómeno radica en que los papamoscas son aves migratorias, pasando la época estival en toda Europa y regresando a sus territorios de invernada a principios de otoño. Sus hábitos migratorios también nos dan otra explicación razonable a este fenómeno, ya que para su llegada a Europa la gran mayoría utiliza una vía muy oriental, mientras que para su regreso a tierras africanas su paso occidental es obligado, desplazándose primero hacia el Oeste europeo y luego tomar vía Sur, utilizando la península ibérica como parada forzada para alimentarse y recobrar fuerzas antes de continuar.
Aunque una minoría de papamoscas grises se queda en nuestra tierra para nidificar, se puede decir que ambas especies se pudieran considerarse de paso, siendo, como hemos dicho, el paso de primavera mucho menos intenso que el de otoño.
No crían por encima de los 1100 metros de altitud. Hay algunos cerrojillos que han sido observados incluso a mediados de octubre.

Estas pequeñas aves se alimentan de insectos voladores que capturan en vuelo. No suelen posarse en el suelo para alimentarse y siempre lo hacen desde un oteadero o atalaya donde divisan a sus presas, para luego lanzarse en rápido vuelo hasta su captura.

Si espectacular es su “revoloteo” en la persecución del insecto, más es todavía su capacidad para erguirse en vuelo antes de la captura, pareciendo que se cierne, realizando la pose que refleja la foto/dibujo.
No cabe duda que el nombre de “papamoscas” viene por su hábito alimenticio y el de “cerrojillo” por su canto, ya que parece al chirrido de un pequeño cerrojo al abrirse, la otra variedad existente en nuestra tierra, el P. gris, no hay tampoco duda que es por su colorido apagado.
El Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) es más llamativo, destacando sus blanquecinas marcas alares y los flancos de la cola también claros. Los machos en el periodo nupcial son espectacularmente contrastados de negro y blanco, después es más apagado pero continua siendo muy vistoso.



El Papamoscas Gris (Muscicapa striata) es de colorido general apagado, ligeramente moteado y poseyendo unas pequeñas plumas mini-levantadas en el “cocorote”. Ambos poseen las partes inferiores claras, aunque, como se puede ver en las fotos, siendo de un blanco más puro en el cerrojillo.
Mueven la cola incesantemente de arriba abajo, siendo además característico en el cerrojillo tener la sensación de hombros caídos o verlo levantar una ala/hombro de manera graciosa, como un “tic” nervioso.
Notas interesantes: La mejor cita encontrada ha sido la de unas parejas del P. cerrojillo nidificando en los límites de un hayedo de Ansó en 1992, por lo que puede decirse que su nidificación en el pirineo es muy ocasional. El P.Gris sí que hay citas abundantes de nidificación a lo largo del pirineo, por lo que una nutrida población se queda sin continuar el viaje.
En Aragón es denominado también “aleta blanca” al P. Cerrojillo y “aleta parda” al P. Gris.
Otro "animalillo" diurno
Precioso ejemplar de Ardilla roja, sus penachos en las orejas denotan que la foto está realizada antes del verano (ya que con el cambio de pelaje de la primavera desaparece). Dichos "penachos" también son el punto de referencia en las luchas territoriales entre los machos o por la lucha de una hembra en el periodo de celo. Impresiona verlas luchar entre ellas agarrandose y mordiqueándose las orejas. De igual forma impacta ver los ataques lanzarlos al otro punto clave en esa época..... "sus organos genitales". No es de extrañar ver huír al maltrecho perdedor gotando sangre de ambas partes.

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