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miércoles, 17 de marzo de 2010

Ya van llegando las primeras golondrinas y sus familiares

Con el buen tiempo van llegando nuestras queridas golondrinas. Por nuestra tierra los aviones y las primeras golondrinas preceden a los tárdanos vencejos.
Un pequeño grupo de aviones roqueros (Ptyonoprogne rupestris) se aventura a pasar con nosotros el duro invierno, pero la gran mayoría emigra a tierras más cálidas. Regresando por estas fechas en busca de unas condiciones óptimas para su reproducción. Los escasos invernantes se alejan de las altitudes elevadas.
Este avión no tiene ningún rasgo característico, ni un colorido llamativo, pero es sin duda uno de los más espectaculares en vuelo. Siendo elegante y acrobático incluso en los días ventosos, con pronunciados vuelos en picado y remontes entre los rectos cortados donde anida. Sin ser tan espectacular como el vencejo su planeo pudiera asemejarse a él mientras patrulla los riscos. No suele realizar vuelos tan altos como el avión común, pero al igual que el resto de su familia se alimenta en el aire a base de insectos que captura al vuelo. Sus persecuciones en época de celo y copulación es simplente "alucinante".
De su uniforme color pardo grisáceo sólo se le destaca sus partes inferiores más pálidas y unos “toques” blanquecinos en su cola. Es el Hirundiridae con la cola menos ahorquillada y al abrirla completamente se pudiera decir que tiene forma espatulada. Ambos sexos son similares.
Suele verse en el suelo, recogiendo barro para construir sus nidos salientes en un cortado de la roca, donde pondrá los 4 o 5 huevos de la que consta su nidada. Puede realzar dos nidadas anuales. Llega a anidar hasta los 1700 metros de altitud, aunque empieza a escasear por encima de los 1200 metros.
Al igual que los restos de su familia es muy gregario, anidando y volando en grupos numerosos. Suele verse parados “acalorando” con los primeros rayos del sol.
En la foto puede observarse el buen trato que existe con el avión común (Delichon urbica), a pesar de compartir el mismo espacio aéreo y ocasionalmente las mismas zonas de cría. Especialmente curioso es la presencia de estos primeros ejemplares intercalados entre un numerosos grupo de roqueros, quizás estas primeras parejas buscan ser adoptados de forma cautelar a la espera de la llegada del restos de aviones comunes.
Las costumbres del avión común son muy similares al roquero, y como ya hemos nombrado comparten en muchos casos el mismo hábitat. Nuestro trato con ellas es más familiar, siendo muy común verlos anidar en los salientes de los aleros de cualquier tejado de los centros urbanos o debajo de las balconadas. Es mucho más gregario, como puede contrastarse al observar los nidos pegados junto a sus vecinos, y en muchos casos sin separación visible entre ellos.
Quizás su característica más destacada sean sus blanquecinas partes inferiores blanquecinas que contrastas con las superiores, cabeza, cola y alas de color negro azuladas. Su vuelo es menos elegante, pero siendo por línea general a más altura
Al igual que el resto de sus familiares les encanta volar sobre los lugares con agua al ser unas zonas donde se concentran un gran número de insectos, necesarios para su alimentación.
Se agrupan en los tendidos eléctricos o sobre zonas elevadas en grandes bandos antes de iniciar su migración.
Hay una creencia oscense que dice que "donde cría una golondrina nunca hay incendio". También en alguna tierra alto aragonesa se piensa que hubo una apuesta entre Dios y el Diablo en busca de quien era capaz de crear el ave más hermosa. Al abrirse las puertas del cielo apareció una golondrina y al correr el cerrojo la del infierno apareció un murciélago.

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