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lunes, 8 de marzo de 2010

La Focha común (Fulica atra)

Pudiera parecer que la Focha común (Fulica atra) es una especie de pato, pero si le viéramos las patas nos daríamos cuenta de nuestro gran error, al no poseer los dedos unidos por ninguna membrana. Todo lo contrario, sus dedos grises son extremadamente grandes y largos y parecen inflamados en cada falange, recibiendo el nombre de lobulados.
Estas potentes patas le suponen una herramienta multifunción; por un lado son útiles para remar en el agua y por otro lado le facilitan el desplazamiento en tierra, no siendo tan “patoso” como sus compañeros de charca.
Su coloración no deja ninguna duda a su identificación, su regordete cuerpo negro unido a su pico y el escudo de la frente de color blanco puro lo hacen único. Sus rojizos ojos los hacen casi imperceptibles. Ambos sexos son iguales.
Se desplaza graciosamente en el agua, moviendo rítmicamente la cabeza, como si fuera empujándose a impulsos con ella. Para zambullirse da un pequeño saltito y se sumerge completamente para aparecer al instante a la superficie.
Lógicamente todo su comportamiento es acuático, desde la reproducción, hasta su alimentación. El nido lo construyen ambos miembros de la pareja en forma de cuenco flotante a base toda la vegetación que encuentra en la orilla: ramas, juncos, cañas y todo tipo de vegetación y desechos. La nidada es numerosa (6-9 pollos), pudiendo darse el caso de dos puestas anuales entre los meses de abril-agosto. Pudiéramos pensar el como se distribuyen los padres la faena de la cría de una segunda puesta si de la anterior los pollos están recién salidos del nido… en estos casos es la hembra la que incuba los huevos y es el macho el que guía por el agua a sus retoños. Se ha constatado que el macho suele realizar otras plataformas para descansar, y en estos casos le son de utilidad para cobijar a estos primeros polluelos (ya que el nido familiar estará ocupado un mínimo de 23 días antes de que eclosionen los huevos de su segunda puesta)
A pesar de ser una especie gregaria, en el periodo reproductor se van desgranando en parejas de carácter muy territorial para la obtención de los mejores lugares de nidificación. En esta época se vuelven muy agresivos con los de su misma especie, incluidos los pollos o ejemplares jóvenes. Son espectaculares sus luchas territoriales, tanto con los de su especie como contra toda ave que se acerque a su territorio. En estos casos, el macho se levanta el vuelo de forma impulsiva y “corriendo” sobre el agua con unos fuertes aleteos se acerca a su adversario.
Su alimentación también la realizan en su medio acuático, siendo su dieta a base de hierbas, plantas acuáticas y todo tipo de animales pequeño. Cuando se zambulle caza invertebrados y algún pequeño pez (aunque no es lo más común).
Si curiosa es la forma con la que defiende su territorio, no lo es menos la forma en que se escabulle cuando se encuentra acosada por un aguilucho lagunero, en esos casos empieza a batir fuertemente las alas hasta que forma una especie de espuma a su alrededor por el agua removida, lo que le permite sumergirse y desconcertar a su enemigo. Tal actitud le llevó a ser considerada antiguamente como un ave peligrosa a la que la habladuría popular le otorgaba el poder de escupir espuma a la cara a toda persona que intentara cazarla.

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