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domingo, 28 de febrero de 2010

La nutria (Lutra lutra): “puro arte en movimiento”

Este mustélido es inconfundible, de cuerpo estrecho y alargado, dando la sensación de pesado. Estas regordetas nutrias son incansables, inquietas, juguetonas, grandes nadadoras, buceadoras y sobre todo muy ágiles de movimientos.
En tierra dan la sensación de más torpes, aunque son grandes escaladoras entre las rocas o sobre el ramaje de la orilla. Llegando incluso a sorprender semejante destreza. Cuando se desplaza en tierra da la impresión de ir a rebote y a saltitos. Como todos los mustélidos se puede plantar sujetándose con sus patas traseras. Características que le permite divisar una mayor amplitud de terreno.
Se puede decir que las nutrias son acuáticas, por lo que no concebimos una nutria sin el agua (aunque al llegar la noche pueden llegar a desplazarse por tierra varios kilómetros en busca de otros tramos acuáticos). En el agua es “puro arte en movimiento”, es una grandísima nadadora, sin realizar casi ruido en su nado. Sus buceos son largos y prolongados, llegando en ocasiones por encima de los 400 metros bajo el agua, lo que le permite la pesca y el escapar cuando es acosada.
Podría preguntarse el motivo de que estos carnívoros son tan buenos nadadores y buceadores, pero cuando nos fijamos en su fisonomía casi todas nuestras dudas desaparecen:
Su pelo corto y muy tupido que hace al agua impenetrable. Es curioso observar que una simple sacudida de su cuerpo, al salir del agua, le hace tomar un aspecto casi de seco dando la sensación de suavidad.
Sus ojos son redondos y de color oscuro. Su hocico negro y ancho que seguro le proporciona una inspiración profunda para llenarle suficientemente de aire los pulmones antes de sus largos buceos. Las orejas son diminutas, pero aún así, las desplaza hacía atrás mientras bucea para garantizar el “taponamiento” de los oídos y para no cortar la postura aerodinámica. El aspecto general de la cabeza es ancha y aplastada y vista de perfil punteaguada, que unido a su cuerpo alargado hacen de él un perfecto proyectil. Sus pronunciados mofletes dejan al descubierto unos poderosos colmillos blancos cuando devoran a sus presas.
Su cola y patas son su timón y motor. La cola es larga, poderosa y muy ancha en la base para terminar en una fina punta. Es relativamente aplanada. Sus patas son muy cortas en comparación con el resto del cuerpo, con 5 dedos en cada una de ellas. Cada dedo está unido entre sí por medio de una membrana, lo que le hacen disponer así de 4 perfectos remos (los dedos centrales son más largos que los laterales). Posee unas uñas cortas de color blanquecinas. Las patas posteriores son un poco más cortas. Las traseras las utiliza para impulsarse sobre las rocas o troncos, mientras que las delanteras dan la impresión de que le sirven de estabilizadoras. En el interior del agua se giran sobre si mismo con tremenda facilidad y en muchas ocasiones quedan cabeza arriba enseñando sus encogidas patas.
Sus largos bigotes blancos le sirven como órgano táctil mientras bucea. Mientras nada su cabeza permanece en la superficie, en ocasiones también su lomo. Las patas las echan hacia atrás.
Son animales muy juguetones, así es fácil observarlos entrecruzados, sujetándose por la cabeza, abalanzarse uno sobre el otro o intentándose agarrar su misma cola alrededor de uno de los troncos de la orilla o en el agua. Aunque no es un juego, también se pueden observar refrotándose el cuerpo sobre las rocas o sobre los troncos, especialmente su cabeza, dando la sensación de que se están rascando.
Su color es parduzco por encima con la parte inferior grisácea, llegando a ser de color blanco sucio en el cuello y laterales de la cara. Su color se confunde con el de los troncos humedecidos del río. Debajo del agua adquieren una colocarión plateada debido a las burbujas que se le adhieren a su pelaje.
Las hembras son de tamaño más pequeño que los machos. Ambos marcan su territorio con heces negruzcas muy visibles que depositan sobre las rocas del curso del río, sobre el ramaje o sobre un altillo de la hierba.
Su población parece nuevamente estabilizarse después de su paulatino descenso al que fue sometida la especie a partir de los años 50, lo que sin duda es un dato esperanzador y de mucha alegría. En verano su distribución aumenta, aunque no suele verse en los cursos de los ríos por encima de los 1.200 metros.
Su alimentación está basada principalmente de peces, aunque también en su dieta pueden existir roedores, aves acuáticas, cangrejos, reptiles e incluso insectos. Tampoco desestima la carroña.
Para terminar se copia textualmente parte del texto de Fernando L. Rodríguez Jiménez que sobre las nutrias escribe en su guía de reptiles y mamíferos ibéricos (1º edición de 1972)
En el río, una sombra alargada se asoma encima de una piedra plana, algo inclinada hacia el agua. Mide setenta centímetros de largo, más la fuerte cola de treinta y nueve centímetros. Momentáneamente, una hermosa carpa salta fuera del agua. La Nutria se zambulle. Nada con tal agilidad, que resulta casi imposible seguirla a través de las cristalinas aguas del río serrano. Metros más delante de donde se zambullera, asoma su cara, con la carpa apresada aún coleando. A poco de su cacería, sube a una roca donde comienza el festín.
Tras de darle unos cuantos mordiscos, se lanza de nuevo al agua en pos de otro pez, volviendo poco después al mismo sitio con una nueva presa. Inesperadamente, un agudo silbido rompió la paz del bosque. Deja la nutria su captura; queda atenta un momento, levanta la cabeza y lanza a su vez otros silbidos fortísimos, tras de lo cual se hace nuevamente el silencio. Nuestra amiga husmea nerviosamente el aire y mira en todas las direcciones, como si esperase a alguien. Y es que estamos a principios de la primavera, cuando nace el amor. Se rasga el agua y aparece un hermoso macho. Cuyo cuerpo y cola sumarán un metro y cuarenta centímetros, bastante más que su pareja.
Es carácter determinante del macho; las hembras siempre son más pequeñas. Se miran y husmean; él levanta la cabeza y lanza otro silbido. Parece un reto y, al mismo tiempo, la señal alegre de haber encontrado pareja. Los ojillos brillan en la oscuridad intensamente. Ella, coqueta, se lanza al agua; el macho, juguetón, la sigue sin vacilar. Río abajo desaparecen en un recodo, donde las aguas, salpicando las piedras, dicen su canción. Pronto la cabeza hará su cubil de doble galería. Y una de estas dará al río y en lo más profundo de la cueva estará la habitación nupcial.

2 comentarios:

Conchita dijo...

Holaaaaa.......como estáis?? que fotos más bonitas las de las nutrias, qué tal va todo por ahí??
Bueno ya sabéis donde estoy para lo que queráis eh?? Un besote a todos, incluidos los animalillos.

jarnaco dijo...

hola conchita, fuera de las aves, las nutrias y las ardillas son mis animales favoritos.
Me alegro verte por aquí y verte tan bien. Ya te llamaré aunque siga tu blog diarimente. También sabes por donde estoy por si necesitas algo.
Besos
José Luis