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miércoles, 24 de febrero de 2010

La importancia de disponer de unos sotos de ribera, unos linderos de los campos de cultivo y unas vías de acceso saludables

Dentro de la masa forestal existente en nuestro territorio existe unas minoritarias agrupaciones de vegetales que pasan desapercibidos y que no por ello son menos importantes. Nos estamos refiriendo a nuestros grandes olvidados sotos de ribera, los lindes de los campos de cultivo y las vías de acceso.
En estas agrupaciones vegetales se refugian un gran número de especies de nuestra fauna, además de impedir la temida erosión en muchas zonas. Por tal motivo es primordial un equilibrio sostenible entre la agricultura, la ganadería y la conservación del entorno natural para garantizar una masa vegetal estable.
Los sotos de ribera están en las cercanías de los cauces de los ríos y arroyos. Su masa vegetal existente está compuesta de especies que necesitan gran cantidad de agua, como los chopos o los sauces, por nombrar una especie arborícola y otra arbustiva.
La vegetación existente en los linderos de los campos de cultivo y de las zonas de paso han dependido muy mucho de los árboles, arbustos y masa herbácea que va quedando con la acción del arado y la construcción de las vías de transito. Puede ocurrir que la masa vegetal de los límites de los campos quede reducida a una simple línea que separan dos campos contiguos, en estos casos también pueden recibir el nombre de setos.
Como anteriormente se ha nombrado, recibimos de ellos unos importantes beneficios de los que en muchas ocasiones no nos damos cuenta. Sirven para paliar las inclemencias meteorológicas, sirviendo por ejemplo de cortavientos, reducir las heladas y la fuerza solar en plena época estival. Favorece la sujeción del terreno, haciéndolo mucho más compacto para evitar la erosión. Y por supuesto sirven estos minisecosistemas de refugio y zonas de cría a numerosas especies de aves, de las que si no, a buen seguro, tenderían a abandonar estas zonas.
Esta población alada ayuda de manera ejemplar en la lucha contra las plagas de los cultivos, consumiendo gran cantidad de escarabajos, gusanos, larvas e insectos. También las rapaces nocturnas y algunas diurnas ayudan a reducir el número de topillos y ratones, produciéndose un perfecto equilibrio medioambiental.
Recogemos de estos lugares una gran riqueza paisajística, pero también nos aporta una mayor cantidad de rocío y evitan la excesiva evaporación del terreno, conservando así por más tiempo los niveles adecuados de humedad.
Dentro de las numerosas ventajas que aportan los sotos quizás la que más nos pasa desapercibida, pero que es sin duda la más importante, es la de intervenir de forma muy activa en la depuración de las aguas residuales y por lo tanto eliminando gran parte de sus residuos contaminantes.
Una gran mayoría de los pueblos poseen unos conservados sotos en la desembocadura de los barrancos y riachuelos donde son vertidas las aguas residuales de los desagües. Comprobando, hasta hace pocos años, que dichos vertidos no afectaban a la pureza de los ríos en su curso posterior al soto. Justificando así la necesaria presencia y conservación de cada uno de ellos.
El incremento poblacional y el mayor uso de consumibles contaminantes tendría que ir en proporción a la masa forestal del soto. Por lo que tendría que existir un protocolo de repoblación en los casos en que el soto no llegue a “porgar” los contaminantes.
Aunque ahora parece ser que es más “útil” y cómoda la construcción de depuradoras antes de mejorar la masa vegetal de la zona.

En la ventana soy dama,
en la mesa cortesana
y en el campo labradora.

(es el agua)

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