Seguidores

domingo, 14 de febrero de 2010

Jilguero común (Carduelis carduelis): Pensar que el porgadero, el palo y la cuerda puedan privar de la libertad a nuestras preciosas cardelinas…

Quién más o a quién menos le habrá sorprendido tropezarse con grupos medianamente grandes de fringílidos esta temporada, tanto de pinzones, escribanos, pardillos. verdecillos, verderones o jilgueros. Muchos de estas aves nos visitan en esta época invernal procedentes del norte de Europa, lo que unido a los ejemplares autóctonos hacen aumentar parcialmente nuestra población. En muchas ocasiones estos bandos son mixtos, de varias especies diferentes, lo que les garantiza protección mutua mientras se alimentan en los campos semidescubiertos o poco poblados vegetalmente.
De la extensa lista de aves invernantes hoy hablamos un poco del jilguero (Carduelis carduelis):
A pesar de lo llamativo de estos amplios grupos multicolores, hay algunos estudios que llegan a dudar de la magnitud de la población viajera procedente del norte de Europa. Dando por hecho qué es una especie puramente inquieta y que sus desplazamientos van determinada por la calidad del alimento conseguido. Hay algunos datos que aseguran que la época de mayor población es la comprendida entre los meses de junio y julio, correspondiente al periodo de los primeros vuelos de las cardelinas juveniles. La actitud inquieta de la especie, unida a la buena climatología, le hace ampliar el territorio ocupado. Así podemos verlos incluso a una altitud cercana a los 2.000 metros, aunque lo normal es que su límite nidificante sean los 1.000m y no pasar en sus vuelos de los 1.400 metros de altitud. Lógicamente el cambio meteorológico hace que su distribución se concentre en busca de su deseado alimento, lo que unido a la mayor o menor llegada de las invernantes europeas hace colorear en esta época nuestros campos de miles de jilgueros.
El paso de las europeas procedentes del Reino Unido, Bélgica, Holanda, Francia o Suiza es tremendamente particular, ya que parece ser que no disponen de zonas habituales de paso, teniendo la gran suerte de verlas por cualquier zona del Pirineo. Algunos bandos se quedan a latitudes cercanas a la nieve, pero los más numerosos descienden hasta el valle del Ebro (en bandadas de hasta 200 individuos por bando).
En un artículo publicado en la revista Ardeola de la SEO de junio 2009 Juan Arizaga, Juan Cuadrado y Luis Romero destacan que las aves con las alas más largas y apuntadas y una cola más corta tendieron a pasar antes que las de las que poseían las alas más cortas, redondeadas y una cola más larga.
Al igual que el resto de los fringílidos su vuelo es ondulante, pareciendo que danzan con el viento. En el medio arbóreo trepa con gran habilidad por las finas ramas. En vuelo destaca su llamativa franja alar de color amarillo en medio de sus negras alas, con puntas blancas. La cabeza es blanca y negra con una careta roja escarlata tapándole desde la base del pico hasta el ojo. El rojo de la cara es superior en el macho, quedándosele al límite del ojo en la hembra. Su poderoso pico blanco le sirve de perfecta herramienta para llegar a las deseadas semillas del cardo y otras herbáceas, quitándole las cáscaras con una tremenda habilidad. También le resulta de gran ayuda sus pequeñas patas (especialmente sus tarsos).
Tampoco es extraño verlo en el suelo alimentándose de semillas o de insectos. Los insectos le proporcionan el alimento adecuado para la cría de sus pollos. A medida que van creciendo su alimento insectívoro pasa a ser granívoro. Parece ser que, toda la época juvenil, hasta la llegada del invierno, su alimento es casi exclusivamente a base de insectos.
La hembra es la encargada de construir un escondido nido en las ramas de un árbol frondoso. Estará compuesto de tallos finos, raíces y musgo, dando la sensación de solidez. En él realizará la puesta de 4 a 5 huevos que incubará durante algo menos de 15 días, mientras que el macho se encargará de alimentarla. Posteriormente ambos progenitores se encargaran de la alimentación de los pequeños.
Ave perseguida desde siempre por su gran colorido y su melodioso canto. Desde las más rudimentarias prácticas de caza, a base de besque o liga o de la del porgadero, palo y cuerda, o las actuales de redes o…, su colorida vida queda truncada en muchos casos en una diminuta jaula. Ave típica de compañía en muchas casas. En algunos países como en el Reino Unido fue tal su acoso que estuvo a punto de desaparecer y gracias a una campaña de protección su población va estabilizándose nuevamente.
Al igual que el petirrojo su leyenda cuenta que fue otro de los pajarillos que ayudó al Cristo crucificado a desprenderse de su corona de espinas, salpicándole la cara con su sangre. Concediéndole éste en agradecimiento su precioso colorido, su careta ensangrentada y su melodioso canto

3 comentarios:

La Chica de las Mil Caras dijo...

Es precioso.
No soy católica, pero la historia de Jesús en la Cruz es un bonito gesto.

Se que ya me conecto menos, pero bueno, tengo demasiadas cosas en la cabeza. Sigo sola, todo es mala compañía, jaja.

Espero que todo te vaya muy bien.

Un cariñoso beso :*

jarnaco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
jarnaco dijo...

a mirar p´alante, como dice un amigo buitrero. El jilguero danza con el viento, a impulsos, su vuelo ondulado lo hace subir y bajar, a impulsos, pero su vuelo es directo.... es mejor ir a impulsos que dar vueltas sobre el mismo punto.
Otro beso cariñoso y de alegría por verte pasar de nuevo por esta casita