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lunes, 15 de febrero de 2010

Nidales: cuando los pájaros se vuelven “ocupas”

Hoy empezamos con un obsequio de Toñín:


En el mercado hay multitud de modelos de nidales, siendo cada uno de ellos diseñados según la especie de ave deseada. La entrada de hoy está referida a las "casitas" más comunes y que normalmente observamos en los bosques y en los parques y jardines.
Estos pequeños "unifamiliares" de madera van predestinadas a una serie de pequeñas especies de aves, son las consideradas “trogloditas”, es decir, son aquellas que utilizan los huecos naturales de las ramas o de los troncos para nidificar, para resguardarse de sus enemigos o para su protección ante las inclemencias meteorológicas.
Los nidales aportan la carencia de estos huecos que de forma natural escasean, lográndose de este modo que las poblaciones de estas aves insectívoras permanezcan en sus lugares habituales y no tengan que “emigrar” en busca de un asentamiento más adecuado. De igual modo, nos garantiza, que estas aves, permanezcan en nuestros arbolados con el consiguiente beneficio mutuo, por ser grandes consumidores de insectos nocivos para nuestra masa forestal, produciéndose así el perfecto equilibrio natural.
La especie que ocupará el nidal irá en proporción al tamaño del mismo y en especial al tamaño del agujero de entrada. Los nidales típicos tienen una abertura de 35mm de diámetro. En ellos se ha detectado la presencia de especies como el carbonero común, carbonero garrapinos, carbonero palustre, chochín, papamoscas cerrojillo, papamoscas gris, herrerillo capuchino, herrerillo común, mito, gorrión chillón, gorrión molinero, trepador azul, agateador común, colirrojo real… y otras que por su tamaño nos parecería inusual como la abubilla, el pico picapinos, autillo, torcecuello o el estornino.
Su colocación es sencilla, en la que sólo deberemos tener presente el rechazar los lugares donde sean más frecuentes los vientos fuertes, tormentas o cualquier agente atmosférico adverso. Se colgará de una de las ramas segundarias del árbol elegido, evitando lugares cercanos al tronco (no como el vídeo) lo que evitará que determinados enemigos puedan entrar en él (ratones, pequeños mamíferos, culebras…) y puedan comerse los huevos o los pollos. La altura aconsejable es sobre los 3-4 metros del suelo.
A lo largo de la entrada se han introducido unas fotos de aves “ocupas” de nidales. Por su “rareza” por Embún hablamos un poco del Gorrión molinero ( Passer montanus):
La palabra “rareza” es algo demasiado brusco para tratar a este hermano de nuestro gorrión, pero si que podemos considerarla como “menos común” e incluso “accidental” en nuestro Termino Municipal. Su presencia es más o menos otoñal e invernal y siempre en las inmediaciones de los campos de cultivo cercanas al pueblo, aunque no depende tanto de la presencia humana como el gorrión común.
Es un ave que no suele nidificar por encima de los 1.000 metros de altitud y sus lugares habituales van predestinados a las zonas de cultivo de cereal, aunque rechaza los lugares donde no hay arbolado cercano donde realizar su puesta o resguardarse de sus enemigos.
El nido lo realizará en una oquedad del árbol, donde ambos progenitores lo rellenarán de hierba, paja, raíces y plumas en forma esférica de carácter desordenado. La incubación de los 4/6 huevos es llevada por ambos durante un periodo de 12 días. Realiza de dos a tres puestas anuales.
Aunque en su dieta las semillas y los brotes son elementos importantes, hay que nombrar que, otra gran parte de su alimentación la componen los insectos.
En esta época invernal es muy sociable, juntándose en grandes bandos y a menudo mezclado con otras especies como el jilguero, pardillo, pinzones, escribanos o verdecillos.
Ambos sexos son parecidos, destacándose su “capucha” de color castaño y una característica mancha negra en la mejilla. Posee un babero más reducido que el gorrión común, que es igualmente de color negruzco. Es de un tamaño un poco menos al común y su forma es más “rechoncha”


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