Seguidores

miércoles, 20 de enero de 2010

Ardilla roja (Sciurus vulgaris): 4 cosas de este precioso Muridae

No hay duda que lo más característico del esquiruelo sea su larga y poblada cola que en algunos ejemplares puede llegar hasta los 25cm, aunque lo normal es que escasamente llegue a los 20cm.
De su rojiza anatomía también se podría destacar los penachos largos que le sobresalen de las puntas de las orejas. Es curioso descubrir que estos largos pelos sólo los adquiere en época invernar. En la estival se pueden observar con las orejas limpias.
Es un mamífero que ha aprendido a trabajar con sus manos, razón por la que la evolución le ha otorgado 5 dedos largos en ambas patas delanteras, unidas a unas afiladas uñas aptas para el agarre a los troncos y al manipulado de su comida. Su alimento preferido son los piñones, para ello utiliza las manos para sujetar las piñas y llevárselas a la boca, donde unos afilados dientes la rasgarán con gran habilidad, a modo de pequeñas hachas, para dejar al descubierto sus deseados piñones.
Su desplazamiento en el suelo es a pequeños saltos, pero con sus potentes patas traseras le hace literalmente volar de árbol en árbol. En estos saltos de más de un metro su mullida cola le otorga el timón que necesita, así como utilizarlo de balancín para su equilibrio corporal. Como sus patas traseras las utiliza simplemente para impulsarse su evolución ha quedado en reducida a cuatro dedos, con poderosas uñas de agarre y unos mullidos almohadones en la zona plantar para la minimizar el imparto. Las patas delanteras también están almohadilladas en la zona plantar.
Ya se ha comentado su predilección por los piñones, pero en su dieta también está los hayucos, yemas, raíces, hongos, larvas, caracoles, semillas, nueces, avellanas, bellotas, avellanas... e incluso pequeños animalillos y huevos. Cuando la comida es abundante suele almacenarla para el invierno.
Sus ojos son grandes y vivos.
Parece ser que una ardilla puede llegar a vivir simplemente tres años.
Los pinceles de las puntas de las orejas, siempre muy erectas, se mueven en el aire, mientras en hocico y los ojos no paran de moverse en ningún instante, captando así cualquier movimiento que hay en su cercanía. Dando siempre la sensación de nerviosismo.
Entre sus enemigos naturales están las garduñas, martas, armiños, gatos monteses, comadrejas y las águilas, aunque gracias a su habilidad y agilidad en muchas ocasiones logran salvarse.
Su carne es bastante sabrosa y dicen que su sabor tiene cierto gusto a piñones. Razón por la que antiguamente fue bastante perseguida.

5 comentarios:

La Chica de las Mil Caras dijo...

Es preciosa, pero pobrecilla... espero que nadie se la coma. xD

Gracias por seguir siendo fiel a mi Blog. Me gusta mucho leerte y tus consejos/comentarios son siempre bien recibidos.

Un besito con sabor a piñones.

Toñin dijo...

Lo mismo digo, yo besos no, yo llamadas sin contestar si....

jarnaco dijo...

Gracias a ambos por siempre estar por aquí. Me alegro que os gustaran las fotos, aunque con semejante "rojiza modelo" es imposible que salga una mala foto. Las fotos que transmiten algo suenan como cualquier buena canción y en ambos casos siempre levantan el ánimo, así que seguro que a vosotros os ha alegrado por lo menos un segundo este día, y eso para mi es más importante que cualquier agradecimiento.
Un beso para que te sonrojes como esta ardillita y a tí toñín un flotador para llegar a casa (hoy he asado por la zanja, ya con la tubería arreglada... qué habrás hecho!)

Toñin dijo...

jejeje, nada, solo hice fotos, lo juro por el niño Jesús, no se si te conté que de pequeño tuve una ardilla coreana, la tenía suelta en casa, comió veneno para ratas y la pude salvar a base de darle mucha leche, un dia la encerró mi madre en el baño porque no paraba quieta y desapareció, se debió meter por la taza, se llamaba Manolo, y siempre iba escondiendo las avellanas...Y no tengo ni una triste foto...

jarnaco dijo...

Pobre ardillita Manolo... después de salvarle la vida con tantos cuidados. Me acuerdo de algún comentario de que escondía las avellanas pero no del trágico final. ¡Y sin fotos!