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viernes, 2 de octubre de 2009

La importancia de disponer de un Centro de Recuperación de la Fauna Silvestre.

Los animales silvestres también disponen de un hospital para ser tratados de enfermedades o lesiones producidas en su transcurrir del día a día. Por una u otras razones el incremento poblacional de las zonas urbanizadas, la masiva afluencia de vehículos, construcciones de los parques eólicos, los tendidos eléctricos, el todavía uso indiscriminado de venenos y un largo etcétera ha supuesto para los animales una mayor siniestrabilidad de accidentes. Por todo esto en 1985 se empezó a fraguar este necesario Hospital Veterinario cuyo principal objetivo es la de “reintegrar al medio natural, con garantías de supervivencia, animales que llegan a él afectados por alguna problemática; o el de indagar sobre causas de mortandad que inciden sobre la fauna silvestre, realizando en este caso investigaciones forenses”
Sin duda el Centro de Recuperación de la Fauna Silvestre de La Alfranca es una esperanza para nuestra fauna aragonesa.
Como si se tratase de un hospital para las personas, el Centro cuanta con quirófano, sala de necropsias, almacén congelador, laboratorio, sala de incubadoras y nacedoras, sala de rayos X y unidad de cuidados intensivos. Está perfectamente preparado para recibir a las numerosas aves rapaces, mamíferos y reptiles, que como antes hemos indicados suelen llegar heridas por la acción directa o indirecta del hombre y que se entienden que los animales por sus propios medios no pueden recuperarse en el medio natural. Para entender la necesidad de este CRFS de La Alfranca reseñar que al año lo visitan de 1.500 a 2.000 animales de todo Aragón.
La gran mayoría de los animales son llevados por Agentes para la protección de la Naturales (APNs), la entrega de particulares no supone más del 5% del total. En su gran mayoría son aves rapaces, siendo los mamíferos con un 12% y los anfibios y reptiles con un 4% las otras especies afectadas.
En el periodo 1994 – 2006 se han devuelto a la naturaleza 3000 animales. En el 2006 ingresaron 1516 aves, 161 mamíferos y 156 anfibios y reptiles. Los animales, tras su correcta recuperación, son devueltos a la naturaleza garantizando su adaptación al medio natural.
Las veces que me he acercado a realizar alguna consulta el trato personal recibido han sido muy cordiales. En una ocasión llevé una hembra de avutarda herida. Desgraciadamente debido a las heridas ocasionadas por el golpe contra una nave industrial, la avutarda no pasó del tercer día.

Hoy en lugar de adivinanza es un cuento:
Cuento de un pájaro herido y sin hospital que lo cobije:
Había una vez un pájaro herido al que su dolorosa herida le condujo a no tener fuerzas para realizar un refugio para resguardecerse del inminente invierno que estaba a punto de llegar. Con mucho miedo en el cuerpo empezó a buscar apresuradamente un lugar idóneo para protegerse. Así llegó con mucho esfuerzo hasta las cercanías de un viejo chopo y le preguntó ¿puedo quedarme contigo para calentar mi dolorido cuerpo?, a lo que el chopo le contestó ¡No! No quiero tener preocupaciones durante el invierno. El pobre pajarillo siguió caminando hasta llegar al lado de un almendró y le preguntó ¿puedo realizar una casa entre tus ramas para calentarme y curarme de mis heridas?, el almendró también se lo negó y le amenazó con tirarlo si intentaba instalarse. Triste y con mucho frío se quedó resignado a su suerte. Cuando no podía soportar el frío del invierno entrante un pino le llamó y se le ofreció ¿quieres hacer tu casa entre mis ramas? A lo que el pajarillo con lágrimas en los ojos le contestó alegremente un sonoro ¿claro que sí!, el pino le dijo que eligiera la rama que deseara pero que le recomendaba la que con más fuerza el sol pegaba. Un naranjo que estaba cerca y oyó la conversación le dijo, yo te protegeré del viento para que no sople sobre tu nido. La vecina encina, del otro lado del pino, se ofreció a dale las bellotas que necesitara para que no pasara hambre en el invierno. Así fue como se creó un círculo de tremenda amistad entre el pajarillo, el pino, el naranjo y la encina. Cuando llegó el frío viento invernal y oyó la historia dijo enojado “soplaré con fuerza sobre el chopo y el almendro por haberse portado de forma tan inhumana y no haber ayudado a un ser herido”. Así fue como desde entonces el frío viento del invierno hace caer todas las hojas del chopo y el almendro, conservando las del naranjo, el pino y la encina que tan amablemente protegieron al pobre pajarillo.

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