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jueves, 24 de septiembre de 2009

Escuaín, un pequeño-gran Paraíso

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Para llegar al pueblo de Escuaín no hay que tener prisa, sus serpenteantes curvas de acceso desde la localidad de Puertolas así nos lo harán ver. Al igual que su carretera se termina al llegar al pueblo, la civilización moderna de difumina, entrando en un profundo recuerdo de antaño cuando toda la vida estaba asociada al campo. Llegar a esta preciosa localidad, en pleno Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, te llena de un impresionante sonido de naturaleza pura e irrepetible, que te hace sentir libre y en paz con el mundo.

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Aunque estés solo te sientes acompañado de mil pájaros con sus incesantes cantos. Centenares de vacas y caballos parecen pacer sin dueño y a su menester por las inmediaciones y prados contiguos.
Los vídeos que ilustran esta entrada indican la grandeza del lugar, aunque se quedan muy cortos a la realidad. Cada época del año es diferente y no sabes con cual quedarte ya que en todas encuentras algo especial que las hace únicas. En estos días los árboles de hoja caduca empiezan a “envejecer” haciendo en los servales, por ejemplo, un contraste muy extraño entre sus frutos y su porte. Sí por un lado sus hojas arrugadas les dan aspecto de despeinados, sus maduros frutos rojos les llena de pinceladas maravillosas.
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Esta época del año se puede considerar de contraste. Sus cálidos prados se contradicen con los húmedos bosquetes donde empiezan a brotar hongos y setas. Las últimas flores corren en su floración para arrancar los últimos rayos de sol estival y sus polinizaciones van contracorriente para no llegar tarde a la actividad de los últimos insectos del año.
Silencio que sólo rompe la actividad animal y el susurro del viento. Verde que se romperá al blanco cuando lleguen las nieves, ahora se ve algún minúsculo nevero que se ha acumulado en la primera precipitación anual. Pantalón corto de verano con calzado de agua. Chaquetilla a la cintura para los lugares sobrios y gorra a la cabeza para cubrir la fuerza del sol que todavía calienta en las horas centrales del día.
Lo ideal es llegar temprano al lugar para poder recorrer cualquier ruta sin la prisa que nos envuelve la rutina laboral y poder así disfrutar de cada paso.
El pueblo es un lugar con encanto, donde sus casas y bordas dan el aviso de los duros inviernos. Las Chimeneas llevan las espantabrujas típicas de estos valles pirenaicos. Tejados de losa. El gran peñasco del O´Castillo Mayor lo protege y vigila.
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Merece la pena acercarse y contemplar el entorno y aunque sólo rodees el pueblo sientes que has aprovechado el día. Si impresionante es todo el valle, no lo es menos sus gargantas, compuestos de hondos barrancos que no parecen tener fondo cuando te acercas al acantilado. Su rodeo está muy bien señalizado y protegido para el disfrute de cualquier edad.

La fauna es rica, al igual que el resto de los valles de Ordesa, donde es fácil encontrarte con los sarrios, enormes y rápidas liebres, mustéridos y zorrillos, vigilados desde las alturas por las grandes rapaces como las águilas reales, halcones, buitres, quebrantahuesos o los alimoches.

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