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viernes, 17 de julio de 2009

Un roble con traje de volantes

La Hiedra es la planta trepadora por excelencia, es muy colonizadora y muy frondosa de tallos ramosos y gruesos. Posee unas raíces en forma de ventosas que le posibilitan trepar sobre paredes o sobre árboles como en la foto. Hojas brillantes de color verde oscuro. Florece en ramilletes a finales de verano aunque no son muy llamativas. A pesar de su carácter trepador también puede extenderse por el suelo formando tupidas alfombras. No tiene gran interés medicinal al poseer un sabor muy amargo y no reportar grandes beneficios. Utilizada en algunos aislados casos como antiséptico o como estimulación gástrica. Se utilizaba para las bronquitis y catarros. Es recomendable utilizar otras plantas para combatir estos síntomas que el uso de este producto (ocasiona en la mayoría de los casos irritación gástrica).
Muy unida a la brujería y sus brebajes de antaño. También lo utilizaban como cicatrizante (heridas exteriores). De gran interés en la cultura Celta al estar consagrada a la resurrección por su crecimiento en espiral.
Cuenta una leyenda que una joven bailarina despertaba cada noche a todas las flores con su danza del vientre. Una noche fue sorprendida por un joven gitano que al verla quedo enamorado de ella, pero al acercarse para darle cariño ésta se convirtió en una hiedra de fuego. (Cómo sería el gitano....)
Se cuenta que una joven pareja compró una casa con un hermoso jardín interior, decorándolo con numerosos árboles y flores. Entre todas ellas una joven hiedra, que la plantaron cercana a la pared y un pequeño roble que plantaron en mitad del jardín. A los pocos años la hiedra ya arraigaba por el muro en busca de las alturas, mientras el roble crecía tan despacio año tras año que tan apenas levantaba un metro del suelo. El tiempo trascurría para ambos, hasta que un día la hiedra le preguntó al roble ¿Qué tal estás?, éste le respondió que bien, tranquilo viendo pasar el tiempo mientras voy fortaleciéndome. La hiedra se echó a reír y burlándose le dijo que eso lo decía porque no podía ver el mundo desde tanta altura como ella lo hacia. Pasó el tiempo hasta que una gran tormenta apareció un día, y su vendaval viento hizo a ambos luchar con todo su poder contra los elementos. A la mañana siguiente el roble continuaba en pie gracias a fuerte tronco, mientras que la hiedra estaba moribunda enrollada sobre si misma en el suelo, ya que sus ventosas raíces no soportaron el vendaval y se despegó del muro donde arraigaba. El roble sintió pena de la hiedra y pensó “Es mejor crecer sobre raíces propias y crear un tronco fuerte, que ganar altura con rapidez, colgados de la seguridad de otros”

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