Seguidores

domingo, 26 de julio de 2009

Máxima precaución… PELIGRO DE INCENDIOS

De un modo sencillo de explicar, el fuego es el fenómeno que se produce cuando se aplica calor a un cuerpo combustible en presencia del aire. Por lo tanto para evitar que se produzca, o se extienda, hay que intentar que falte una de estas tres cosas (combustible, aire o calor)
Aunque al final la mejor defensa es la prudencia y la precaución. Estos días una gran ola de incendios forestales nos ha arrasado más de 25.000 hectáreas a los largo de todo el territorio español. Un tributo demasiado grande para nuestra masa forestal. En algunos casos parece que la acción natural de un rayo ha supuesto el inicio de tan desgraciado final, en otras las imprudencias y en otras parecen casos claros de algunos desaprensivos pirómanos. Sea la razón que sea las consecuencias han sido catastróficas, con el añadido que todavía estamos a mitad del periodo de máximo riesgo. A estas hectáreas quemadas hay que sumarles la desgraciada pérdida de 6 bomberos.
El terreno seco por la falta de lluvias, las temperaturas altas que estamos soportando y los vientos racheados hace necesaria la máxima precaución por parte de todos.
Los montes no están tan limpios como cuando se tenía una nutrida y sostenida ganadería. Los montes empiezan a estar demasiado cubiertos de matabaja, así como del incremento de las ramas bajas de los árboles, por la falta de poda, ambas cosas proporciona una verdadera mecha del fuego del suelo hacia las cupidas copas, donde es más fácil el extenderse y descontrolarse. Esta clase de fuego se denomina “de copas”, donde la fuerza de vientos tiene una especial importancia por la rapidez de avance, que en la mayoría de los casos van muy por delante de los que se extienden por la superficie del terreno. Los de incendios “de superficie” se extienden quemando el tapiz herbáceo y de matorral. La superficie es el principal punto donde se inician los incendios, debido a este tipo de vegetación, y por lo tanto el punto principal donde tendremos que tener especial cuidado en cualquier acción que realicemos sobre el terreno. Hay otra clase de incendios que se propagan por el subsuelo, recorriendo la materia orgánica seca, las raíces o la turba. Estos fuegos “de subsuelo” son de propagación lenta y suele ir por detrás del de superficie. En una hipotética carrera iría en un primer lugar el fuego de copas, en segundo lugar el fuego de superficie y en último lugar el de subsuelo.
Hay varios factores que intervienen en la propagación de un incendio, pero principalmente influye el tipo de vegetación de la zona, la topografía del terreno y factores climáticos, como el viento, la humedad y la temperatura. La densidad de la vegetación hace que el calor llegue con mayor rapidez a la planta cercana, contra mayor sea la distancia entre ellas más difícil es esta transmisión. La orografía de nuestros montes hace que el aire caliente ascienda por delante del fuego acelerando la desecación de la masa vegetal y acelerando la ignición de las mismas, al mismo tiempo las vaguadas y de perfiles muy pendientes actúan como verdaderas chimeneas activando el punto de quema (como una punta de espada). El viento aporta oxígeno a la combustión, así que contra más viento hay más oxigeno proporciona, también interviene en la aproximación de las llamas de unos árboles a los otros, adelantando así la quema. Desplaza igualmente chispas y restos ardiendo hacia lugares que todavía no están incendiadas, proporcionando nuevos focos. Finalmente el otro factor que interviene es el de la humedad que actúa de forma retardante a la combustión, haciendo de factor resistente a arder en función del agua que contiene.
Ha habido mucha polémica por la desgraciada muerte de los bomberos de Tarragona y se ha dudado de la imprudencia de llevarlos a ese lugar, no sé los datos concretos que derivaron en esa catástrofe, pero puedo asegurar por experiencia propia (trabajé dos años en un retén de incendios) que siempre prevalece la seguridad del personal humano muy por encima del material, y en ningún caso se toma una acción peligrosa sin el consentimiento y asesoramiento de personal cualificado, que ha sido estudiado, incluyendo todos sus peligros. Como todo en la vida los golpes de suerte o de mala suerte te hacen pasar de un extremo a otro.
Pasear entre los árboles de un bosque calcinado es tremendamente desolador, no ver señales de vida te da tanta tristeza como cuando lo ves arder, esperemos que incendios así no se vuelvan a repetir y si lo hacen que no sean por imprudencias propias.

No hay comentarios: