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miércoles, 15 de abril de 2009

Limpieza de una pluma

Quién no se ha tropezado en el campo, en el parque o simplemente caminando con una pluma en el suelo, y en la mayoría de los casos ésta está sucia, despeinada, estropeada o ya muy vieja. Algo así me pasó a mí con esta pluma de Ratonero. Si ya por sí era bastante vieja y estaba sucia, el viaje en la mochila hizo el resto. Como puede verse en el resultado final la pluma queda lo suficientemente aceptable para guardarla y disfrutar de ella. El método que utilizo es bastante sencillo y como tal lo explico.
El primer paso es algo tan fácil como llenar una botella simplemente de agua (sin jabón, ni diluyentes ni nada por el estilo).
Segundo paso es introducir la pluma dentro de la botella, sujetándola por el mango e intentando que las barbas no se estropeen mucho con el cuello de la botella.
Una vez dentro realizaremos un movimiento de vaivén para que las barbas se separen y se vuelvan laceas y suaves, así conseguiremos que el agua penetre en todos los rincones.
Una vez bien remojada y “abanicada” procederemos a sacarla del interior de la botella y realizamos un pequeño escurrido del agua con los dedos recorriendo los dedos a lo largo del raquis, en la dirección del mango a la punta. Una vez hecho el “repeinado” se deja a secar a temperatura ambiente o al sol.
Finalmente y después de estar totalmente seca veremos que el color se ha vuelto natural y es muy fácil peinarla con la yema de los dedos a su forma original.

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