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domingo, 8 de marzo de 2009

Símbolos de vida

Ya tenemos aquí a la primavera y, aunque todavía faltan algunos días para su entrada oficial, los símbolos de los nuevos brotes de vida ya están presentes a nuestro alrededor. A pesar de las últimas nevadas, la naturaleza se ha hecho hueco para dejarnos al descubirto esos indicios que denotan que los días cada vez son más largos lo cual favorerán la floración de nuestro mundo vegetal. Cada vez parece más claro que los ciclos de floración van establecidos por la iluminación solar, más que por la temperatura ambiental. Quizás las dos especies más características que indican este cambio de estación son la floración del almendro y el de las violetas, de los cuales hago una pequeña reseña (recomiendo principalmente pinchar encima de la foto del almendro, creo que merece la pena verla en estado puro):
Para los hebreos, el almendro era el renacimiento de vida ya que es el primer árbol que florece en primavera. Por lo tanto es el renacimiento de la naturaleza, debido a su floración tan temprana, también es símbolo de fragilidad puesto que sus preciosas flores son muy sensibles a las últimas heladas invernales. Entre las numerosas leyendas que a lo largo de la historia ha llevado como protagonista a la floración del almendro destaco esta preciosa leyenda árabe: Dice la leyenda que en Córdoba existió un Califa a quién todos respetaban y admiraban. Cierto día decidió viajar a Granada para ver al Sultán, que era padre de tres hermosas hijas: Azahara, Yasmine y Zineb. Azahara y el Sultán se enamoraron y se llevo a su amor cuando regresó a Córdoba. Tanto amor le tenía que mandó construir un palacio, al que puso el nombre de Medinat Al Zahara (ciudad de Azahara). A pesar del increíble palacio y de los cuidados del Califa encontraba a su amada triste. Un día le preguntó “Azahara, amada mía ¿Qué es lo que tienes?” ella le contestó tristemente “Señor mío, cada mañana desde mi llegada, me levanto y me asomo a la ventana de la torre más alta de palacio, para poder ver desde allí Sierra Nevada y comprobar si puedo ver la nieve. Y cada día me vuelvo, apenada, por no conseguir ver nada”. El Califa no sabía qué hacer para agradar a su esposa. Una mañana, cuando la primavera estaba cerca, Azahara como de costumbre se asomó al balcón y vio desde allí que la nieve cubría Sierra Nevada. El Califa que tanto la quería, había plantado almendros en toda la Sierra cordobesa, y estos a florecer, daban el aspecto de que todo estaba nevado.
La violeta, esta pequeña planta herbácea, también está llena de leyendas, de las que sería muy extenso redactarlas todas. Destaco una de la mitología griega que cuenta que después de haber creado los dioses el invierno, de un soplo apartaron las nieves y la hierba, de esta forma comenzó a nacer, las aguas de los arroyos a corres y el sol a salir entre las nubes. Ante el espectáculo los dioses comenzaron a llorar de alegría y estas lágrimas cayeron sobre la tierra, brotando de ellas la violetas. Por eso también se las conoce como “lagrimas de los dioses”. Dicen que soñar con ellas es una promesa de progreso en la vida. Cuentan que es buen remedio para los mareos si te colocas una corona de estas flores en la cabeza, también se las conoce como un símbolo de buena suerte. Parece ser que cuando se vea florecer en otoño es un símbolo de epidemia durante el año. Es muy apreciada en perfumería por su agradable olor. También es muy utilizada en medicina, especialmente para tratamientos de bronquitis, catarro, contusiones, fiebre, tos…. Su forma de uso es en infusiones, tisanas y cocimientos (se pueden utilizar tanto las flores, las hojas e incluso las raíces).

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