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lunes, 23 de febrero de 2009

Las lagrimas de Pirene

Una leyenda griega cuenta que Hércules se enamoró de Pirene, una de las hijas de Atlas. Pero esta la rechazó, ocasionado la furia de Hércules que partió con su hacha España y África e inundó con el mar mediterráneo Atlántida, lugar donde vivía con su padre. Ella consiguió huir y se refugió entre España y Francia. Hércules la buscó durante años por todos lados hasta que ella sintió su presencia cerca lo que le provocó un temor atroz. Para no ser encontrada prendió una gran hoguera con todos los árboles de la zona y al llorar, de sus sus lagrimas, se fueron formando los ibones. Cuando Hércules encontró a Pirene ésta estaba muerta y sonriente por haberle burlado. Éste, lleno de tristeza, la enterró con todas las rocas a su alcance, formándose así una gran cordillera a la que llamó Pirineos en memoria de su amada.
La creencia de que seres mágicos habitan en las aguas de los ibones es general para todos los lagos de montaña que hay a lo largo de los Pirineos aragoneses. Por eso es muy extraño ver tirar alguna piedra a los habitantes de esas zonas. Quizás sea por miedo a que alguna de las fantásticas criaturas despierte de su interior. Dice el libro “lugares mágicos del Pirineo aragonés” de Juan Carlos Muñoz, Juan Gabasa y Segio S. Lanaspa, que los ibones son lugares mágicos desde el Neolítico. Resulta curioso cómo los ibones de zonas calizas, de colores verdes y azulados (magnesio), son mayoritariamente refugio de princesas, y los graníticos, mucho más oscuros, morada de seres maléficos. La foto es del Ibón de Acherito en la Selva de Oza (Pirineos occidentales).

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