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viernes, 16 de enero de 2009

Devoción de Leonardo Da Vinci por el vuelo del Milano (Milvus)

El Milano posee unas alas largas y relativamente estrechas y con una característica cola profundamente ahorquillada que le sirven de perfecto timón de vuelo. Vuela con mucha soltura y agilidad. Su cola permanece abierta con giros pronunciados sobre su eje central. Cuando gira, la punta de las primarias “mano” se ven más estrechas que las segundarias, mostrando sólo 5 de ellas, en esta situación sus alas permanecen ligeramente curvadas o arqueadas.
En Aragón podemos encontrar dos variedades el Milano real (Milvus milvus) y el Milano negro (milvus migrans), este último más oscuro y cola menos ahorquillada.
No es de extrañar que Leonardo Da Vinci estuviera enamorado de su vuelo, de las que no faltaban apuntes en las hojas de sus cuadernos para sus prototipos de máquinas voladoras. Especialmente le fascinaba el movimiento de su cola como lo demuestra algunas de sus anotaciones “Son muchas las veces que el ave golpea la punta de su cola para dirigirse, y en esta acción las alas las utilizan a veces muy poco, a veces nada en absoluto. En la cola del Milano se da el golpe de aire que presiona con furia y cierra así el vacío que el movimiento del ave deja tras de sí, sucediendo esto a cada lado del vacío así creado”. Tanto le impactó este ave que hasta en una de sus obras “Sta Ana, La Virgen y el Niño con el cordero” se descubrió que había ocultado la imagen de un Milano.

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