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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Aquí un amigo: el Murciélago

Este otoño le he presentado este amigo a mi sobrino Iván, que nunca los había visto tan cerca. Yo siempre he conocido esta pareja de murciélagos en este refugio de montaña. Le llamó la atención sentir su vuelo rozándole la cabeza como si fuera un ave de cetrería y le pareció increíble ver la manera con que se cuelgan del techo sin esfuerzo como si de una telaraña se tratase. Recuerdo mi primera experiencia con ellos en la última hora de un día de verano y cuando las sombras de la noche llegaban. Cuestiones del azar o de la mala suerte ocurrió que un murciélago entró en el engaño de un aparejo de pesca y se quedó enganchado de uno de los anzuelos al confundirlo por un mosquito. Se pasa mal al verlo enganchado del anzuelo, con la simple luz de la luna y con miedo en el cuerpo al recordar esas historias macabras que cuentan sobre ellos (trasmisores de la rabia, de otras enfermedades, chupadores de sangre…). La experiencia tuvo un final feliz y después de su liberación se fue volando contento a pesar de que por ese día la cena se le atragantó.
Los beneficios que nos aportan quedan difuminados con tanta historias para no dormir que cuentan sobre ellos, como malos augurios o mil supersticiones como si entra en una casa habitada es señal de la muerte de alguien de la casa, si alguno vuela cerca le dice que están tramando algo malo sobre esa persona o que se quedan enredados en el pelo, que dañan a las cosechas, que pueden chuparte la sangre hasta desangrarte, o causante de los problemas de enfermedades de los antes comentados.
De pequeño nos contaban que sabían fumar, que a los que cogían les metían el pitillo en la boca hasta que se lo fumaban enterito, “habilidad” que también le hacían realizar a nuestros pobres sapos.

1 comentario:

Toñin dijo...

Siempre enseñandonos lo bonito de la naturaleza, pero Jose Luis, es un bicho muy feo, sin embargo como bien dices hace más bien que mal, si está ahí fuera es por algo.