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lunes, 3 de noviembre de 2008

Hotel Buitre Palace


Ya no es tan raro encontrar entre las diferentes noticias de prensa menciones o artículos relacionados con el hambre que están soportando nuestras carroñeras. Una hambruna que en ocasiones llega a verlas frecuentar basureros o cualquier despojo en el rincón de cualquier camino.
Para cubrir ésta falta de alimento se está realizando un gran esfuerzo desde la Administración para crear una red de comederos que garanticen una alimentación lo más controlada sanitariamente posible, evitando infecciones y enfermedades adicionales.
El cierre progresivo de los muladares de los pueblos y lugares donde se depositaban las reses muertas de cualquier explotación, ha hecho pasar un periodo muy incómodo a nuestras aves, tan acostumbradas a frecuentar estos emplazamientos.
El tránsito de este cierre y la apertura de los comederos han sido demasiado lento para el devenir de estos grandes alados ocasionando unos años de mucha falta alimenticia. Relacionada directamente con esta falta se han sucedido el crecimiento de ataques a reses vivas, la intranquilidad de los ganaderos y la disminución progresiva del éxito reproductor de la especie.
Por todo esto, me ha resultado muy grato la experiencia vivida en tierras turolenses, más concretamente en la comarca del Matarraña, entre Beceite y Valderrobles, en el Mas de Buñol. En este lugar, José Ramón Moragrega alimenta los 365 días del año a estas especies y desde hace más de 18 años. La base alimenticia consiste en los conejos que recoge por las granjas de la región.
Es impresionante verlo pasar tan tranquilamente entre estas grandes aves con su carretillo y darles de comer con tanta naturalidad.
También es admirable compartir sus ideas y sentir su manera tan natural de conservación, a pesar soportar cantidad de zancadillas por todos lados, negándole así mismo muchas subvenciones y ayudas.
El Hotel Buitre Palace, como le gusta denominarlo Moragrega, da alimento a unos 150 Buitres leonados (Gyps fulvus) y donde en ocasiones se ha “hospedado” algún ejemplar tan distinguido como “Kalahari”, un precioso Buitre negro (Aegypius monachus). También hay que destacar el asentamiento de una pareja de Alimoches (Neophron percnopterus), especie que hacía años que no criaba por la zona.
José Ramón y Loli (su esposa y gran conocedora de la especie) sirven de guía de esta maravillosa experiencia y de la cual terminas con una sensación esperanzadora por la conservación de nuestro entorno natural.
La puesta en marcha de un nuevo observatorio, donde se puede ver el entorno con una visión completa de los 360º ha supuesto otra gran atracción. Nos comenta José Ramón que en el aire está la red de 25 cámaras que iban a formar “el parque medioambiental telemático del Matarraña” y que por uno o por otro motivo se ha quedado el proyecto parado.

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